La nueva película de Guillermo del Toro, 'El callejón de las almas perdidas', resulta ciertamente un curioso ejercicio cinematográfico. Por un lado, el director quiere contarnos una historia redonda, circular, que empieza y termina con un mismo plano o moraleja. Será el cuento de un fullero, un buscavidas que en los años de la depresión recorre Estados Unidos enrolado en ferias o circos de segunda categoría, con toda una suerte de estrafalarios tipos a su alrededor, desde videntes y magos hasta monstruos humanos como un 'Engendro' cuya atracción pone los pelos de punta al encarnar la degradación del género humano y la reducción a la burla ajena de cualquier atisbo de dignidad.

En ese clima de ilusión y miseria, de hambre y frío, el protagonista intentará crear, soñar, ganarse honradamente la existencia, pero, poco a poco, las fuerzas latentes del mal le empujarán hacia el otro lado y volverá al mal camino, a la mala vida, haciendo de la mentira y del engaño una bandera en su modo de sobrevivir y de ganarse el pan hasta hacerse rico.

Respecto al género de la película, Del Toro, con respecto a anteriores filmes suyos puramente fantásticos, se acerca un poco más al realismo, aunque manteniendo las debidas distancias.

Innovador siempre, y en cuanto los efectos o giros de guión se lo permiten, el director mexicano se acoge a una curiosa fórmula donde los géneros se entremezclan buscando alumbrar uno nuevo. En 'El callejón de las almas perdidas', Del Toro utiliza sobre todo, la fábula. A pesar de la crueldad de varias escenas y del sombrío final, que a muchos espectadores dejará un sabor amargo, la película advierte sobre los riesgos de dejarse arrastrar por las pendientes del engaño y del odio, para no saber después reencontrar el camino de la paz y del amor. En esa encrucijada o callejón, muchas almas se perderán sin darse cuenta hasta que ya sea demasiado tarde para regresar a su dichoso hogar, a un matrimonio normal o al equilibrio de la felicidad.

Una película distinta, muy bien filmada e interpretada por excelentes actores, que vale la pena ver y sobre cuyo argumento y conclusiones morales conviene reflexionar para evitar hacer compañía, cualquiera de nosotros, a esas almas perdidas en la noche del mal.