Stéven Forti, en su obra 'Extrema derecha 2.0' nos recuerda que uno de los miedos recurrentes en los últimos años en el mundo occidental es el de un futuro marcado por gobiernos autoritarios y populistas, el declive de las democracias liberales, el fin del Estado de Derecho e, incluso, el regreso del fascismo. Los Salvini, las Le Pen, los Trump, los Bolsonaro, los Orban y los Abascal han venido para quedarse, afirma el autor. Ya no van con la cabeza rapada, ni utilizan el saludo romano, o cada vez menos. Ahora se ponen traje y corbata para acudir a los plenos municipales a intentar sentar cátedra diciendo con voz engolada, que la violencia de género no existe, recortar las políticas sociales, acabar con los fondos de cooperación y disimular su odio contra el diferente. Siendo profundamente ignorantes pretenden ser científicos sociales explicando conceptos que no quieren entender, con la ayuda inestimable de la «derechita cobarde» con la que gobiernan y a la que van conquistando poco a poco.

Ridículo

En Galicia conozco especialistas de reconocido prestigio científico en este terreno. Podía el Sr. Feijóo consultarles para no hacer de vacilón y el ridículo. Las extremas derechas utilizan las nuevas tecnologías digitales consiguiendo lo que Forti llama «salir de la guetización del neofascismo y difundir o, mejor dicho, viralizar su discurso y sus ideas, convirtiéndolas en muchos casos en aceptables o, más aun, de sentido común para buena parte de la población».

Los criminales que en el 36 llenaron las cunetas de cadáveres lo hacían con la camisa azul, del color azul del mono de los obreros. Para disimular. Se apropian de la bandera común, como si fuera exclusivamente suya, y lo mismo hacen con España de la que tienen una idea que imponer a todos los demás, queramos o no queramos. Infiltrándose en las instituciones que quieren destruir o… por la fuerza, como denunciaba esta semana otro articulista en estas páginas. Como Putin, por cierto.