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Antonio Morlanes

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Antonio Morlanes

Presidente de Aragonex

Convivir es compartir

Nunca deberíamos plantear nuestras ideas como un sistema para vencer al que tiene otras

La convivencia debería ser la prioridad de todos aquellos que vivimos formando una sociedad, esto no significa que estemos en un modelo lineal, lo enriquecedor sin duda es la pluralidad de pensamientos, pero siempre en un sentido de libertad y democracia. Nunca deberíamos plantear nuestras ideas como un sistema para vencer al que tiene otras, cuando lo importante es admitir que de todas ellas se puede sacar algo positivo.

La vida y el tiempo tienen recorrido propio y configuran los momentos al margen de cómo cada uno de nosotros considera que deberían ser, por esto es conveniente que tengamos en cuenta todas las posiciones, pues es bastante probable que de ellas salga un enriquecimiento de la nuestra. Nadie es dueño de ninguna verdad absoluta y, además, en general suelen ser subjetivas: ciertas para unos y falsas para otros, por eso la libertad de pensamientos y el derecho a exponerlos nos permite perfeccionar los nuestros.

Gregor

Tiempos difíciles

Estamos viviendo tiempos difíciles provocados por circunstancias diversas, unas más naturales y otras de generación humana. De las primeras podemos relacionar la pandemia del covid-19 y el volcán de La Palma. De las segundas la guerra de Ucrania, pero todas ellas, sean de la índole que sean, provocan consecuencias en nuestras vidas. Quienes lean mis artículos sabrán que soy partidario de un mundo global en todos sus aspectos. Considero que las fronteras son algo antiguo que solo sirven para distorsionar y tensionar la convivencia entre las personas haciéndola más injusta y beneficiando a unos pocos. Hemos llegado a una situación en la que falta cualquier fórmula de equilibrio, donde las desigualdades han tomado tanta distancia que es muy difícil generar, ni siquiera, ilusiones, pues se sabe de antemano que entran de lleno en el capítulo de utopías y está bien tenerlas, pero hasta un límite. Debemos empezar a reconsiderar cuál es nuestro papel en el mundo.

Crear islotes con los lamentos de cada uno no conduce a ninguna parte

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Bien, si estudiamos cómo las circunstancias adversas, que antes relacionaba, tienen consecuencias en nuestras vidas, es necesario que también entendamos que debemos solucionarlas entre todos. Crear islotes con los lamentos de cada uno no conduce a ninguna parte. Es necesario conjugar los diversos intereses y, de ese paquete, sacar las soluciones a los problemas que se plantean, porque lo contrario se basa en solventar lo mío para producir lo peor en otros, y así es muy difícil llegar a arreglar nada.

Analicemos qué sucede cuando la oferta de petróleo o gas disminuye porque algunos suministradores dejan de poner su producto en el mercado (con independencia de la razón de estos), pues que al no variar la demanda el precio sube por encima de lo razonable para ajustarla con la oferta. Entonces pasemos a la segunda cuestión, ¿cómo afecta este hecho a la demanda? Muy sencillo: quienes no tienen el poder adquisitivo suficiente para hacer frente al incremento de precio, quedan marginados y son los que sufren esa carencia.

Derivaciones tormentosas

Aunque la consecuencia de todo lo anterior es comprobar cómo quienes distribuyen petróleo y gas se enriquecen muy por encima de lo que sería razonable, también se producen derivaciones tormentosas para la vida de las personas. Las compañías eléctricas, que sin variar sus costes de producción y solo por un tema de definición legal sus beneficios suben como disparados, no desean que se arregle ninguna de las incidencias que vivimos. Quienes en primer término tienen un incremento de costes, derivados de lo expuesto, también generan subidas en sus precios, esta no es una situación tan avariciosa como la anterior, pero sin duda vuelve de nuevo a recaer con mayor rigor en la parte más baja de la economía. Sin embargo, no termina aquí la cosa, pues todos aquellos que no pueden repercutir dichas subidas reclaman que sea el Estado quien les aporte la solución, por una parte con subvenciones, que, como no nacen como por arte de magia, las pagamos todos a través de los impuestos. Los agricultores se quejan de producir por encima de lo que les pagan, es decir con pérdidas. La Unión Europea ha aprobado para España aportar en el PAC, Política Agraria Común, 47.700 millones de euros para los años de 2021 a 2027.

Mejores precios

Pero nada es suficiente. Agricultores, ganaderos, transportistas y otros, demandan que sea el Estado quien obligue a quienes los contratan y compran a que lo hagan a mejores precios. Y me pregunto qué clase de economía libre de mercado pretendemos tener. Cada sector debería ser capaz de organizarse en su forma de gestión y establecer los modelos de competitividad, por tanto, es en ese equilibrio donde debe darse el mejor de los comercios.

Todos debemos entender y hacernos cargo de que el Estado no es una entelequia sobre el que podamos pedir la solución de nuestros problemas, pues somos nosotros mismos lo que hay detrás de las instituciones y, por tanto, lo que coges de un lado desaparece de otro. Vivamos complementándonos en nuestras posibilidades y necesidades pero siempre sin romper los mejores criterios de igualdad y equilibrio.

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