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El Periódico de Aragón

Carmen Bandrés

Sedimentos

Carmen Bandrés

Somos agua

Asistimos a las ruidosas protestas de sectores particularmente damnificados por una agobiante crisis económica que, en realidad, nos afecta a todos. Por lo demás, las reivindicaciones de agricultores y ganaderos me han llamado en especial la atención. Porque nunca han gozado del prestigio y reconocimiento social que merecen, porque sus demandas provienen de muy antiguo, porque están implicadas cuestiones directamente relacionadas con la alimentación, de la que depende tanto nuestra salud como la propia subsistencia. Y, por último, porque como en todo lo relacionado con el campo, el agua adquiere un singular protagonismo. Somos agua. Nuestro cuerpo está integrado fundamentalmente por agua, una molécula tan simple y, a la vez, tan imprescindible para la vida. Un bien escaso, en trance de contaminación universal y cada vez más en el punto de mira de los depredadores que aspiran a enriquecerse a costa de su necesidad. Un recurso básico cuya privación ha sido en el pasado origen de muchos conflictos y que en un mañana muy próximo puede dar lugar a letales enfrentamientos generalizados. Entre tanto, mientras una gran parte de la población mundial carece de acceso al agua potable, a una minoría privilegiada nos basta el gesto trivial de abrir el grifo para ver correr el preciado líquido… hacia el desagüe. Pero no hace mucho, el espectáculo de una mujer camino de la fuente de la villa para recoger agua en un cántaro era también algo cotidiano en la España rural. Entonces, al menos, no se desperdiciaba ni una gota, en tanto que nosotros hoy, parásitos urbanitas, desde nuestro cómodo sillón ni siquiera mostramos la menor empatía hacia los desheredados del agua, ignorantes de que en un tiempo, tal vez ya no tan lejano como podamos pensar, también habremos de sufrir explícitamente su carestía y lo que ello representa.

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