Kiosco

El Periódico de Aragón

Miguel Miranda

Virando a babor

Miguel Miranda

Pijos o Cayetanos

La gente joven ya no habla de pijos, sino de Cayetanos. Pijo era el que en su vestuario, modales, lenguaje, etc., manifiesta afectadamente gustos propios de una clase social adinerada, dice el diccionario de la RAE. Pero el lenguaje evoluciona y ahora los pijos se han convertido en Cayetanos. Los Cayetanos pues son esos de familias adineradas que se creen que están por encima del populacho simplemente por su origen. Nacieron con pasta y a menudo no han sido capaces de demostrar ser capaces de nada más. Bueno, sí: utilizan perfectamente sus contactos con otros pijos para vivir sin trabajar o solo simulando trabajar administrando la hacienda familiar o en el exitoso oficio de comisionista. Una llamada de teléfono y cae un millón. Eso no lo hace cualquiera. Para eso hay que ser Cayetano. Tienen una fuerte conciencia de clase y tratan de distanciarse del populacho al que en el fondo y en la forma desprecian. No se mezclan con los de abajo, se relacionan solo entre ellos en sus clubs inaccesibles, en sus colegios privados, a menudo extranjeros y caros y en las universidades privadas, y en sus clínicas privadas en las que vienen al mundo. Nunca reconocerán que se han merecido nada y consideran que los demás simplemente son vagos, malos trabajadores, perroflautas a menudo. Eso de la movilidad social o ascensor social, les suena a antinatural, a advenedizos. Los más gilipollas de los Cayetanos son por otro lado los que se creen que son, sin serlo, porque se comportan como tales pero disimulando. A veces proceden de la clase trabajadora y aunque incluso digan que son de izquierdas, solo aspiran a vivir del cuento, de la política y del mamoneo. Hay muchos Cayetanos y Cayetanas. Puede identificarlos a su alrededor fácilmente. Y yo, orgulloso hijo de un albañil que nunca aspiró a ser un Cayetano gilipollas siempre les tuve repelús, fobia y hasta un poquito de asco.

Compartir el artículo

stats