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El Periódico de Aragón

Juan Bolea

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Juan Bolea

Vampiros

Aunque existían precedentes en las plumas de Hoffman y Gautier, la literatura de vampiros o género vampírico recibió un formidable empujón con la aparición de la novela decimonónica 'Drácula' del irlandés Bram Stoker. Una historia ciertamente prodigiosa, tanto como inquietante, cuya lectura sigue siendo tan dinámica como cuando, a finales del XIX, irrumpió en la imaginación de los lectores. La angustiosa presencia de Vlad Tepes resucitado, sus capacidades de seducción y nocturnos ataques a las hermosas víctimas cuya sangre codiciaba nos siguen provocando tanto temor como a Van Helsing y al resto de cazadores que persiguieron su rastro y el de su helado ataúd por media Europa.

Javier Romero Collazos, excelente escritor y conocedor de la tradición draculiana, se ha propuesto resucitar literariamente, una vez más, al conde. Lo ha conseguido, con nota, en el libro 'Tristán, la ética del monstruo' (Pregunta ediciones).

Javier Romero Collazos, excelente escritor y conocedor de la tradición draculiana, se ha propuesto resucitar literariamente, una vez más, al conde

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El argumento de esta excelente novela, escrita con imaginación y talento, y con muy buenos recursos técnicos, plantea la traslación del universo vampírico a la geografía española. Concretamente, a la España rural (que tan torpemente llaman vacía), hasta un pequeño pueblo donde transcurrirá, a buen ritmo, la acción.

Protagonizada, como canónico debe ser en el género, por una presencia maligna encarnada en alguien cotidiano, insospechable, pero que, por eso mismo, resultará de efectos tan terroríficos como si el autor enfrentase a la comunidad un dragón o bestia bíblica. La nueva encarnación de Drácula refrescará el poder de su eterna maldición al ampararse en la juventud e inocencia tanto del cuerpo invadido como de los cuerpos victimados por su sed de sangre. El nuevo vampiro, todavía humano, intentará desesperadamente enfrentarse a la malsana naturaleza que le está colonizando, aniquilando, transformando, en una metafórica lucha entre el bien y el mal cuyo resultado nos estremecerá.

La novela de Javier Romero nos ofrece, además, una rica galería de personajes perfectamente dibujados y muy verosímiles en sus comportamientos y diálogos. Historias de amor y crímenes entrecruzados bajo una cruz incendiada por el fuego de un infierno que no se ve, que no arde ni quema, pero que poco a poco se irá cobrando sus almas.

El conde habrá sonreído en su féretro.

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