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El Periódico de Aragón

Juan Bolea

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Juan Bolea

El tranvía

El presidente de la Federación de Asociaciones de Barrios de Zaragoza, Manuel Arnal, ha dado recientemente un tirón de orejas al ayuntamiento zaragozano, en particular al equipo de gobierno, declarando lo siguiente: «No financiar la nueva línea del tranvía es el gran error de Azcón».

Se trata de una opinión subjetiva, por supuesto, pero, desde mi punto de vista, muy objetivamente expuesta, al afectar a una gran ciudad y a una gran población a la que, en principio, no debería privarse de sus servicios esenciales. Y este, el de la segunda línea del tranvía, lo es.

Siéndolo, y siendo ciertamente muy poco sólidas las razones que se esgrimen en contra, tanto desde el gobierno como desde parte de la oposición, no se entiende cómo el consistorio zaragozano ha renunciado, sin más, a poner en marcha dicha línea. En su descarte parecen haber primado las razones económicas, el coste de una obra que puede rondar, como ya costó la primera línea, cuatrocientos millones de euros. Fuerte inversión que, sin embargo, se ha amortizado. El tranvía ha dinamizado de una manera extraordinaria el eje norte-sur de la capital, prestando un servicio impagable al conectar de manera permanente, rápida y ecológica distritos muy alejados entre sí y consolidando la ciudad, sus comercios y servicios, despachos y locales en torno a su utilísimo trayecto. Ampliar esas ventajas, rendimientos y servicios al eje este-oeste no sólo parece lógico, recomendable y beneficioso, sino urgente de acometer.

A tiempo estamos, haciendo caso a la recomendación de Manuel Arnal y de tantos otros ciudadanos, muchos de ellos muy representativos, que insisten en recuperar la segunda línea del tranvía

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Por el contrario, dejarlo estar, abandonar el proyecto, y hacerlo (esto sería lo más grave) definitivamente, arguyendo su carestía o la delicada situación de las arcas municipales, implicará privar a los zaragozanos de una modalidad de movilidad básica para su futuro crecimiento económico y consolidación urbanística.

A tiempo estamos, haciendo caso a la recomendación de Manuel Arnal y de tantos otros ciudadanos, muchos de ellos muy representativos, que insisten en recuperar la segunda línea del tranvía, de agilizar este proyecto y hacerlo con convencimiento e ilusión.

Ni el ayuntamiento ni el alcalde Azcón estarán solos. Encontrarán, o deberían encontrar, la ayuda de fondos europeos y del Gobierno de Aragón. Y tendrán, de eso hay pocas dudas, el apoyo de casi todos los zaragozanos.

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