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El Periódico de Aragón

José Carlos Díez

José Carlos Díez

Profesor de Economía

Crisis energética y el poder de las ideas

Por primera vez España tiene una fuente primaria abundante y más barata que nuestros socios europeos, el sol

Tras la invasión de Ucrania todos los gobiernos y organismos internacionales han asumido que la subida de los precios de las materias primas del último año es estructural y no acabará esta primavera como nos prometían hace tan solo dos meses. El último ha sido el FMI, que ha revisado sus previsiones y ha cambiado radicalmente su discurso y recomendaciones con respecto a las que hizo el pasado otoño.

El principal problema económico actualmente es la inflación. Esto cambia radicalmente todo el relato y el diseño de políticas económicas de la última década en el mundo, donde el problema tras la crisis financiera y de deuda de 2008 fue la deflación. Los economistas hemos estudiado durante milenios la inflación. Oikonomia, la ciencia del hogar, se atribuye a Jenofonte, discípulo de Aristóteles en el siglo VI antes de Cristo. Pero mucho antes en China ya habían analizado la inflación.

La economía de mercado necesita alguien que quiere comprar un producto, alguien que quiere vender ese producto y solo se tienen que poner de acuerdo en el precio. Eso sistema lleva milenios funcionamiento y fue asumido por Karl Marx en El Capital, donde había oferta, demanda y precios. Es un sistema milenario que los seres humanos usamos al menos desde el Neolítico para asignar bienes escasos. Sin escasez, en esta ocasión de gas, no habría problemas económicos y no existiríamos los economistas.

Economía de mercado

Por lo tanto, los precios y la inflación o la deflación son un medidor de escasez. La economía moderna comenzó, según Joseph Schumpeter, en mi querida Universidad de Alcalá y en la de Salamanca en el siglo XVI y, no es casualidad, los monjes asesoraban al rey ya sobre inflación. La llegada de oro y plata provocó una aumento del dinero en circulación e inflación.

La inflación es un equivalente a un impuesto que reduce la capacidad de compra de los hogares, oikos, y les empobrece. Y también de las empresas, ya que reduce sus márgenes, su inversión y la creación de empleo. Las economías de mercado necesitan estabilidad de precios para tener certidumbre y que los hogares y las empresas mantengan su inversión y la creación de empleo.

Los comunistas soviéticos, tras una inflación galopante, optaron por imponer un sistema de planificación de precios fijados por el Gobierno. En 1945 se construyó el muro de Berlín, la mitad de Alemania mantuvo el sistema de economía de mercado y la otra mitad impuso el sistema de planificación de precios. La Alemania del Este, 50 años después, en la unificación, tenía un 70% menos de renta por habitante que los alemanes del Oeste. Si la planificación de precios no funcionó en el país más ordenado y disciplinado del planeta nunca funcionará en ningún otro.

La presión social de hogares y empresas sobre los gobiernos es enorme. Pero ni Pedro Sánchez, ni Núñez Feijoo, ni ningún gobernante del planeta pueden conseguir bajar los precios del gas. Pero, muchos gobiernos, de derechas y de izquierdas, optan por sistemas de fijación de precios para aliviar el sufrimiento de su pueblo. En 1973 lo hicieron Franco y Richard Nixon, por ejemplo, y los dos fracasaron.

La ministra Teresa Ribera ha enviado a Bruselas un sistema de fijación de precios del gas a 30 euros y propone poner un impuesto al sol y al viento para financiarlo. Justo lo contrario que acaba de recomendar el FMI, que los precios reflejen la escasez del gas y que los gobiernos favorezcan el desarrollo de energía eólica y solar para salir de la crisis. Por eso Nadia Calviño se ha desmarcado ya del modelo Ribera y opta por una subasta donde el precio marginal no fije el precio final y que las renovables consigan bajar el precio medio que pagan los hogares y las empresas.

Los economistas tenemos el compromiso moral de defender a Calviño y el modelo de economía de mercado. Por eso, leo con estupefacción que dos economistas de Analistas Financieros Internacionales, AFI, defendían ayer en un medio nacional el modelo de planificación de precios. AFI está presidida por Emilio Ontiveros y tiene reputación y el problema cuando tienes reputación es que la gente te cree.

Energías eólica y solar

John Keynes ya nos advirtió en su 'Teoría General' que la gente sobrevalora la influencia de los intereses creados, pero el verdadero poder está en las ideas. El error nos costaría a los españoles cientos de miles de empleos. Por primera vez desde el siglo XVIII España tiene una fuente primaria abundante y más barata que nuestros socios europeos, el sol. Además tenemos tecnología e ingeniería propia en eólica, especialmente marina. Iberdrola es líder mundial y va a invertir 150.000 millones de dólares en la próxima década en: EEUU, Reino Unido, Japón, Australia, etcétera. Sus proveedores industriales son españoles y pueden crear miles de empleos. Wallbox anunció la pasada semana 500 empleos en una nueva fábrica en la Zona Franca de Barcelona. Y el jueves asistí al plan estratégico del puerto de Avilés y el futuro de Asturias vendrá principalmente de la industria eólica.

Un sistema de planificación de precios en la energía en esta crisis energética acabaría con la inversión en renovables y con el desarrollo industrial y tendría un coste infinitamente mayor lo que nos vamos a ahorrar este año por el coste del gas. Algo que se podría resolver cambiando ya la tarifa regulada a precios de futuros de electricidad, como tienen todos nuestros socios europeos, y no del contado, como solo tiene España. Por suerte, esta crisis, a diferencia de la de 1973, nos pilla en la Unión Europea y Bruselas apoyará el modelo Calviño versus el modelo de Ribera y Ontiveros.

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