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El Periódico de Aragón

Editorial

Plan necesario, mayoría frágil

Que el plan de respuesta a la invasión de Ucrania haya sido aprobado por el Congreso de los Diputados constituye una noticia positiva. Con una dotación de 16.000 millones y con sus 23 medidas, el plan intenta responder a las necesidades de numerosos sectores sociales afectados por los efectos que tiene la guerra de Putin sobre la economía española. En consecuencia, era de esperar que una medida de esta naturaleza contase con un amplio respaldo, por mucho que no sea del pleno agrado de todas las fuerzas políticas. Sin embargo, no ha sido así, y es de lamentar que el plan haya estado en el aire y haya sido aprobado por solo cuatro votos de diferencia. Es más, como ya ocurrió con la última reforma laboral, Pedro Sánchez tampoco ha podido convencer a todos los partidos que le apoyaron en la sesión de investidura, de tal suerte que la votación ha vuelto a poner de manifiesto la fragilidad de la actual mayoría de gobierno.

La causa inmediata de esta situación es conocida: la irritación de ERC por lo que los republicanos consideran una falta de respuesta del Ejecutivo (o una respuesta inadecuada, en el caso de la ministra de Defensa) ante el supuesto espionaje que padecieron decenas de independentistas. Las razones esgrimidas son importantes para la formación de Oriol Junqueras, pero en ningún caso justifican votar contra una propuesta que supone ayudas sustanciales para los ciudadanos, algunas de las cuales han sido solicitadas por los republicanos. Máxime cuando las responsabilidades por el espionaje no están todavía sustanciadas y cuando Esquerra y otros partidos independentistas han sido incluidos en la Comisión de Secretos Oficiales que debe proporcionar más información al respecto. Como ocurrió con la aprobación de la reforma laboral, la decisión de los republicanos constituye más bien una gesticulación destinada a no perder protagonismo ante las demás fuerzas independentistas catalanas que una eficaz medida política de presión, una vez el Gobierno tenía asegurada la mayoría por el voto favorable de Bildu. Pero podría haber tenido consecuencias más graves para los españoles, como recordaron los partidos que votaron a favor dejando de lado sus recelos hacia la actitud de Sánchez.

Los dos grandes partidos también tienen su cuota de responsabilidad por la tensa votación que volvió a conocer el Congreso de los Diputados. Como principal partido del Gobierno, el PSOE debería involucrarse más en superar las divisiones ideológicas cuando se trata de hacer frente a cuestiones de Estado o de gran alcance social. No es tarea fácil, porque dos no bailan si uno no quiere, pero el cambio de dirección en el PP era una oportunidad para haberlo intentado con más tesón si cabe.

Es probable que Alberto Núnez-Feijóo tampoco haya estado a la altura, desaprovechando la ocasión para demostrar que los cambios habidos en la cúpula de su partido le permitirán combinar una tarea de oposición con una responsabilidad de Estado. Todo indica que sigue más preocupado por las críticas de Vox que por mantener una actitud más acorde con la de sus homólogos europeos. Hay indicios sobrados para pensar que la guerra de Ucrania va para largo y que sus consecuencias sobre nuestro nivel de vida se alargarán en el tiempo. Frente a este escenario, al que hay que sumar otros factores de incertidumbre, la responsabilidad y la estabilidad son valores que todos los partidos deberían compartir, más allá de su legítima aspiración a ganar las próximas elecciones. No son tiempos para la división y la fragilidad, y quienes las fomenten deberán rendir cuentas por ello ante sus electores.

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