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El Periódico de Aragón

Juan Bolea

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Juan Bolea

La edad del espanto

La recuperación de Emile Cioran a cargo de la editorial Tusquets es un buen ejemplo del valor y la supervivencia de la filosofía, por mucho que se la pretenda apartar de las aulas.

La obra de Cioran, como la de Nietzsche, estuvo compuesta en buena parte por aforismos. El tiempo, los albaceas y editores se han ido encargando de la selección de esos materiales por afinidades temáticas, orden cronológico y diversas clasificaciones.

En la última y muy reciente recopilación de pensamientos del filósofo rumano, Silogismos de la amargura, se incluye un capítulo titulado Occidente.

En sus páginas, Cioran vierte algunas de sus ideas sobre las democracias occidentales y países como España, que él conoció todavía bajo la dictadura franquista. Cioran tenía la aguda sensación de que Occidente galopaba «hacia horizontes de apoplejía, hacia la edad de oro del espanto». El mal de Occidente era, según él, su propia historia o más bien «el eclipse de la historia».

El futuro de Occidente, decía Cioran, dependía de su capacidad para «meridionalizar» a los «pueblos profundos»: alemanes y rusos, fundamentalmente. «Si los alemanes vuelven a trabajar como antes y los rusos no vuelven a caer en su vieja afición a la pereza, Occidente está perdido».

Escritos con decenios de antelación a la guerra en Ucrania, estos clarividentes textos incluyeron varias referencias a España y a lo español, como parte de Occidente. Para Cioran, españoles y alemanes se explicaban a sí mismos con la misma causa: «trágico, todo era trágico, esa era su manera de hacernos comprender sus calamidades y su manera de triunfar». Añadía Cioran otro párrafo que nos gusta menos: «Durante tres siglos, España guardó celosamente el secreto de la ineficacia; sin haberlo usurpado, habiéndolo descubierto por sus propios medios, por introspección, ese secreto lo posee hoy todo Occidente».

En el debe de Cioran debemos sumar este otro aforismo: «Hitler intentó, mediante la barbarie, salvar a toda una civilización. Su empresa fue un fracaso; pero no por ello dejará de ser la última empresa de Occidente».

El conjunto de la filosofía y obra de Cioran compensa estos dislates. Al fin y al cabo, también Nietzsche y Schopenhauer, sus maestros, nos legaron algún disparate.

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