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Cándido Marquesán

Normalizado el pacto PP-Vox

El jefe de los populares europeos no conoce la política española si se sorprende de este acuerdo

Todavía hay algunos medios sorprendidos por el pacto del Partido Popular con Vox en la comunidad autónoma de Castilla y León (C. y L.). Era previsible. Donald Tusk, jefe del Partido Popular Europeo, al calificar de «capitulación» los acuerdos del PP con Vox en C. y L., no conoce la política española. España es el único país de Europa que en su Parlamento hay 52 diputados de un partido, que no solo no condena una dictadura, sino que la ensalza, y 88 de otro, que no la condenan tajantemente y cuando lo han hecho, tarde, mal y a rastras. De ahí el pacto. Que Alfonso Fernández Mañueco (AFM) pacte con Vox sin problemas es comprensible, no hace falta más que seguir su trayectoria política. Me fijaré en su actuación sobre la ley de Memoria Histórica, punto clave del pacto.

Según Juan de la Huerga en el Diario de Sevilla, AFM es un sinsorgo, un pan sin sal, lo apodan el Muñeco por sus pocas habilidades oratorias y escasa empatía, por su poca presencia; de hecho, durante la pandemia, su vicepresidente de Ciudadanos, Francisco Igea, tuvo mucho más protagonismo por ser médico, pero sin obviar su pico de oro. Es un charro nada churrigueresco, el estilo barroco de la Plaza Mayor de su ciudad, donde fue alcalde durante siete años (2011-2018) en sustitución de Julián Lanzarote, un dirigente de más enjundia. Hombre de partido, al que le ha ido de fábula. Militante de Nuevas Generaciones desde los 18 años, ha sido concejal, presidente de la diputación salmantina, consejero de la Junta de C. y L., alcalde de Salamanca y desde 2019 jefe del Ejecutivo de su comunidad. Salvo un par de años de pasante de abogacía, no se le conoce otra profesión que la política. Su padre fue Marcelo Fernández Nieto, magistrado, fraile dominico y abogado falangista, con una notable trayectoria impulsada por el régimen franquista: alcalde de Salamanca entre 1969 y 1971, procurador en Cortes (1967-1977) y gobernador civil de Zamora. Es decir, franquista hasta le médula. Es obvio que los hijos no son responsables de los actos de sus progenitores, mas AFM puso todo tipo de problemas para quitar el medallón de Franco de la Plaza Mayor de Salamanca, causante de tanta muerte en su ciudad, empezando por el alcalde republicano Casto Prieto Carrasco, médico y catedrático de universidad, y José Andrés y Manso, líder socialista, asesinados por los sublevados a finales de julio de 1936 en una cuneta del kilómetro 35 de la carretera Salamanca-Valladolid. El 19 de julio de 1936, un día después del golpe militar, tuvo lugar en Salamanca un hecho que supuso la primera manifestación de violencia de las fuerzas sublevadas contra la población civil en España. Fue el conocido popularmente como Tiro de la Plaza, un incidente ocurrido en la Plaza Mayor, –donde durante 80 años estuvo el medallón de Franco–, en el que un destacamento de militares abrió fuego contra un grupo de personas. Como consecuencia de la ráfaga de metralla murieron en el acto cinco salmantinos, entre ellos una niña de 14 años, Celestina Sierra Polo, mientras que en los días siguientes fallecieron en los hospitales por las heridas otros seis civiles más.

Como alcalde, AFM usó durante años la táctica de demorar la decisión sobre el medallón pese a la ley y las peticiones de grupos políticos y colectivos. Solo la sentencia judicial que desembocó en la decisión de Patrimonio le obligó a asumir la legalidad, no sin oponer una última resistencia. La resolución puso fin a diez años de litigios por el medallón que siempre fue ilegal. Ya se opuso el anterior alcalde, Lanzarote. Su retirada fue en 2017.

En cuanto al retrato de Franco en el mural del ayuntamiento, más de lo mismo. Tuvo que ser otra sentencia judicial, tras recibir el visto bueno de la familia del autor, Ramón Melero, y el apoyo de los demás grupos políticos de la Corporación Municipal. Esta decisión puso fin a un largo proceso que estaba decidido desde hace casi dos años, con una sentencia de noviembre de 2017 y que se demoró por recursos. Finalmente, en octubre de 2019 se tapó, repintando encima, el retrato de Franco.

Acabo de mostrar las reticencias de AFM para eliminar la presencia de Franco. No quiero llegar a pensar que se deban a sus orígenes familiares. Tampoco es una novedad este comportamiento de los populares en Salamanca, lo más llamativo es que aquí esas reticencias son más intensas. Quizá sea por el extraordinario protagonismo del franquismo en la ciudad desde el inicio de la guerra civil, el cual dejó una profunda huella y es muy complicado borrarla. La ciudad fue cuartel general de los golpistas. El obispo Plá y Deniel cedió su palacio a Franco para su residencia durante la guerra civil, hasta que se trasladó a Burgos en 1937. Se hizo construir en el jardín un búnker por ingenieros alemanes; el obispo se trasladó al vecino seminario diocesano de San Carlos. El 30 de septiembre de 1936 escribió su carta pastoral Las Dos Ciudades, donde justificaba la sublevación, y que sirvió de fundamentación teológica de lo que se denominó Cruzada. Aquí ya está configurado el nacionalcatolicismo.

Tampoco hace falta ir tan lejos. En nuestra ciudad de Zaragoza, nuestro alcalde –según nos venden algunos medios, parece que va a fundar de nuevo la ciudad– gobierna gracias a los votos de Vox. Tal hecho, ¿tiene algo que ver con el mantenimiento de la calle al rector Gonzalo Calamita y la eliminación de la del Che Guevara?

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