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El Periódico de Aragón

Margarita Barbachano

Cosas que pasan

Margarita Barbáchano

Los nuevos pobres

Antes se hablaba de los nuevos ricos. Ahora toca hablar de los nuevos pobres. Es una clase social emergente, nueva y trasversal: la sufre una generación de todavía jóvenes trabajadores, los que de pronto se han quedado sin trabajo y los mayores pensionistas y jubilados que tampoco llegan a fin de mes.

Una nueva clase social que tienen un trabajo, está formada, es culta, honrada, toda su vida ha pagado los impuestos correspondientes, no ha vivido por encima de sus posibilidades. Han sido valientes y se han metido en un crédito para pagar una hipoteca y tener su propio piso, han dado el paso de ser padres. Y ahora con la brutal escalada de los precios de consumo: luz, gas, alimentos, más la hipoteca tampoco les salen las cuentas. Tienen miedo, se vuelven vulnerables, son invisibles, desubicados, no tienen esperanzas y no confían en los políticos. Se sienten frustrados pero callan.

Estos nuevos pobres no piden en la calle, todavía no hacen fila para recibir una bolsa de comida de la caridad, no son emigrantes, no reciben ayudas sociales, tampoco tienen derecho al ingreso mínimo vital.

La Administración los ignora porque no están clasificados como «pobres de solemnidad». Los jóvenes nuevos pobres rezan para que el BCE no autorice la subida de los tipos de interés fijo para poder seguir pagando su vivienda y no convertirse en una nueva generación de desahuciados.

¡Qué mierda de país es este que permite seguir gravando con el 21% del IVA las facturas de luz y gas!, en la situación insostenible que vivimos la gente corriente y empobrecida, mientras las grandes compañías engordan sus beneficios.

Los nuevos pobres mayores todavía lo tienen peor porque les queda menos tiempo. Si su pensión no es de risa (aquí no hablo de funcionarios, claro) no entran en ningún protocolo administrativo de ayuda social. Solo se encuentran muros insalvables y documentación a presentar complicada y desesperante; para al final no conseguir la ayuda. La amenaza que tienen los mayores es de corte de suministro si no puedes pagar esos recibos escalofriantes. No pueden optar al bono de luz ni a ayudas sociales.

No están en el ranking de pobreza extrema. Son también invisibles para el sistema. Y su pensión tampoco da para pagar el precio de los alimentos encarecidos por la mafia de la huelga del transporte. Los más viejos de los nuevos pobres suelen tener una salida más a mano: el alcoholismo o el suicidio. Algunos tienen suficiente dignidad para no tirarse en el asfalto con un cartel en el que piden ayuda.

Conviene que los gobiernos perciban esta nueva clase social empobrecida y que corrijan los protocolos de asistencia y ayuda. La sociedad ha cambiado en los últimos años (crisis económica alargada, pandemia, abusos en los precios al consumidor, desesperanza y rabia, mucha rabia). Antes de que estalle la olla.

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