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El Periódico de Aragón

Miguel Miranda

Virando a babor

Miguel Miranda

Y viva el vino

«Del socialismo se sale. Solo hacen falta ganas», anda proclamando por Asturias la luchadora por la libertad de las terrazas, las cañas y el vino, empeñada en crear zonas libres de socialismo. La afirmación, que equipara una muy necesaria, muy digna y tantas veces liberadora ideología política, con la adicción a las drogas o al alcohol, es ofensiva y no merece otra respuesta que advertirle que de lo que es mucho más difícil salir es de la mediocridad, de la ignorancia congénita y adquirida, de la soberbia fatua, de la mentira patológica y de la vocación de guiñol manejado por alguien con ojos vidriosos y no se sabe si con efluvios de consumos anteriores, que se dedica a pegar empujones a mujeres periodistas, el muy valiente, en plan macho alfa, y acreditado creador de bulos y noticias falsas.

Una vez escribí que la susodicha señora se le estaba poniendo cara de Cayetana, que era una forma de decir que para el jefe Casado, estaba haciendo méritos para que le dieran el pasaporte para su casa o para la última fila del hemiciclo de la Asamblea de Madrid. Evidentemente me equivoqué. Era al revés y Casado anda ahora lamiéndose las heridas que le dejó el pulso perdido.

Y ella, en Castilla-León, en Asturias y por supuesto en Madrid (que es España y España es Madrid), anda recordándole al de Galicia que, triunfadora como el Cid y cierra España, sigue ahí, sin renunciar a nada, predispuesta para dar el salto cuando convenga, cara al sol, marcando el camino con las banderas neoliberales de destruir todo lo público, (ahora le ha tocado al metro, tan poco utilizado por pijos y 'cayetanos'), y rebajando impuestos a los más ricos, naturalmente, a la vez que subvenciona a las familias con más altos ingresos.

Todo ello bajo la mirada paternal, aunque recelosa, de Feijóo y la sonrisa fraternal de Rocío Monasterio con la que gobierna y Macarena Olona con la que coincide en la «toma de España». Cualquier día aparece por aquí a decirnos qué hacer con el campo de fútbol. Y viva el vino.

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