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El Periódico de Aragón

Candido Marquesan

Una nueva ‘Escopeta Nacional’

En un sistema democrático el ojo tiene que ser siempre más rápido que la mano

Debemos estar profundamente agradecidos a los comisionistas de las mascarillas del Ayuntamiento de Madrid, porque vamos a incrementar nuestro conocimiento de inglés. No conocía la palabra bróker, cuyo significado es «persona que, por oficio, actúa como intermediaria en operaciones de compra y venta de valores financieros y de acciones que cotizan en bolsa». No obstante, según las manifestaciones ante el juez de un noble de mucha alcurnia, también dentro de las funciones de bróker está la de intermediario de materias primas: carne, alimentación y minería. Entre esas materias primas, ¿están también los chorizos? Y para llegar a un auténtico esperpento, la tercera pata es un empresario malasio de nombre San Chin Choon y el pago a través de una empresaria funeraria del Ayuntamiento de Madrid. La realidad muchas veces supera con creces el mundo de la ficción. Aquí hay un extraordinario guion para el rodaje de una nueva Escopeta Nacional.

También los brókeres nos enseñan a ser emprendedores. La emprendeduría es una filosofía impuesta en nuestra sociedad por el neoliberalismo. Y especialmente en la comunidad de Madrid, el imperio de la libertad. ¿En el resto de España vivimos en una dictadura? Tenemos que ser emprendedores. Es el bálsamo de Fierabrás para todos los males que nos acucian. Quien se queda descolgado es por su ineptitud. Por ello, el interés por la educación emprendedora es una tendencia educativa internacional. Se promueve su desarrollo en todas las etapas educativas, desde la educación temprana a la superior. Dentro de la emprendeduría, ¿estará incluida la actividad del bróker? Debería estarlo por su facilidad para generar pingües beneficios. Proporcionando un número de teléfono se puede ganar hasta un millón de euros, cantidad que no ganan la mayoría de los trabajadores a lo largo de toda su vida laboral.

Los populares están profundamente preocupados por la corrupción. Ellos son muy patriotas. Los corruptos son siempre los otros. Como aquel político corrupto que aparece en una película de Comencini de los años setenta, Buenas noches, señoras y señores, al que un periodista de televisión, representado por Marcelo Mastroianni, le pregunta: «¿Va usted a dimitir?», «No; sin mi cargo no podría comprar a los jueces», «¿Y los votantes?», «Dimitir sería traicionarlos; me han votado para mentir, prevaricar, malversar fondos y no voy a desilusionarlos».

Me ha costado gran esfuerzo, mas al final he podido entenderla. El PP tiene una teoría perfectamente trabada e implacable para combatir la corrupción, que he podido conocer a través del blog de Evaristo Torres. El PP tiene mucha razón cuando pide de una manera incansable, hay que bajar impuestos. ¿Qué se esconde detrás de este mantra? En absoluto quieren desmantelar el Estado de bienestar. Ellos son sus más acérrimos defensores. Es muy claro, son el azote contra la corrupción política. Hay que bajar los impuestos, ya que el gobierno se está forrando y tiene demasiado dinero. Tal hecho propicia la corrupción. Ya que entonces aparecen los «emprendedores», los «brókeres» que olisquean el dinero, y que nadie sabe cómo, pero siempre tienen contactos con hermanos y primos de dirigentes de partidos. Como dice el refranero español: El que está cerca de la vaca, dos veces mama. Ahora por las mascarillas, pero, en otras ocasiones por concesiones de grandes obras públicas o por la privatización de hospitales públicos. Los populares lo tiene muy claro, sin impuestos, los gobiernos estatales, autonómicos o municipales quedan descapitalizados. Entonces, no podrían saquearlos los comisionistas o brókeres. Tendrán que ir a buscar el dinero a otro sitio. Mas, las bondades de la rebaja de impuestos no se acaban aquí. Las empresas y los emprendedores crearán más puestos de trabajo a mil euros mensuales. Se eliminará el desempleo. En el PP saben mucho de economía. Tienen eminencias en sus filas, como un Rato, Bárcenas, Ignacio González, Granados… Todos ellos paradigmas de la anticorrupción, ya que interiorizaron las palabras del discurso de Don José María Aznar, el Incorruptible, en su Sesión de Investidura, en el Congreso de los Diputados, el 3 de mayo de 1996. Ahí van: «Hemos de ser cuidadosamente fieles a las exigencias del imperio de la ley; hemos de ser conscientes de que un Estado que maneja ingentes recursos públicos debe combatir el riesgo de la corrupción con procedimientos adecuados y controles eficaces».

En 2013 tramitando una Ley de Transparencia, los populares alardearon que sería la más avanzada del mundo mundial. En el Congreso de los Diputados Esteban González Pons: «Señorías, el valor de la transparencia como requisito de la democracia no es nada nuevo. Sin transparencia es imposible que haya democracia, como sin luz es imposible que se pueda ver». En la democracia el ojo tiene que ser siempre más rápido que la mano –que se lo digan a Bárcenas–. No hay mejor remedio contra la corrupción que anticiparse a ella. Solo se corrompe el agua estancada». ¡Vae corruptis!

Esta ha sido una dinámica en nuestra historia, allí donde gobierna la derecha española no crece la corrupción, que recuerda al caballo de Atila, que donde pisa no crece la hierba. Tal circunstancia la podemos constatar en el libro de Paul Preston Un pueblo traicionado. Corrupción, incompetencia política y división social. España de 1874 a nuestros días.

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