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El Periódico de Aragón

Roberto Malo

Alégrame el día

Roberto Malo

El planeta encerrado

Un cielo azul lleno de nubes, en algún lugar de la galaxia NGC 3660. Un sol amarillo en lo alto. Dos lunas blancas perfectamente visibles a la luz del día. Bajo el cielo, una gran casa naranja salpicada de ventanas. En su interior, Sak, un lugareño de clase media, está leyendo el periódico de la mañana. «Vaya, se han decidido a suspender definitivamente los intentos de vuelos espaciales», comenta Sak para sí, leyendo los titulares. «¿Qué?», dice Mek, su hijo, que está junto a él en la habitación. «Que ya no van a mandar más naves al espacio», aclara Sak. «¿Y por qué?», pregunta Mek. «Porque el mandarlas es un suicidio». «¿Y por qué?», insiste el niño. Sak suspira. ¿Por qué los niños nunca se cansan de preguntar?, parece pensar. «Bueno, recuerdo que hace un tiempo», cuenta Sak, «decidieron mandar la primera nave a una de nuestras lunas. Pensaron que se podría hacer, que sería fácil llegar. Y lo que ocurrió es que, cuando la nave llegó hasta las nubes, chocó contra algo que nadie vio y quedó destrozada». «Vaya...», articula Mek. «Lo intentaron con otras naves», sigue su padre, «siendo lanzadas desde distintos lugares, pero todo fue inútil. Ocurrió lo mismo una y otra vez». «No lo entiendo...», dice Mek. «Yo tampoco», asiente su padre, «¿Sabes?, a veces creo que nuestro planeta es como ese barco que está encerrado en esa botella», dice señalando la botella que descansa encima de la estantería de la sala, «¿Entiendes?». El niño mira la botella, pero no comprende. «Da igual, Mek. Yo tampoco lo entiendo», dice su padre. Y sigue leyendo el periódico.

El niño se levanta de la silla y mira el cielo a través del cristal de la ventana, como intentando averiguar su secreto. Acerca su cara al cristal y respira profundamente... Su respiración produce pequeñas nubes blancas sobre la superficie transparente del cristal.

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