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El Periódico de Aragón

Daniel Gascón

Delante de tus narices

Daniel Gascón

Demolición

«No es turba, es antracita/ el carbón de Manolita» es un eslogan que inventó mi abuelo en la mina en la que trabajaba. Me decía que era lignito en realidad, pero «publicidad engañosa» es un pleonasmo. Mi abuelo, que había crecido en una masada de Ejulve, Teruel, vino a Zaragoza porque para pagarle una deuda le dieron la concesión de una carbonería: su vida casi resume Cazadores, campesinos y carbón, una transición que contó en un libro el historiador Ian Morris. (Se jubiló como contable de un supermercado holandés, el SPAR). En otro de sus libros Ian Morris habla de la paradoja del desarrollo: un descubrimiento te permite progresar y a su vez genera nuevos problemas. El ejemplo que pone son los combustibles fósiles.

La central térmica de Andorra se inauguró el año en que yo nací, y, como para tanta gente, el paisaje de las torres, el viernes demolidas, y la chimenea, que también se derribará, era icónico y familiar al mismo tiempo. Una chimenea más alta que la Torre Eiffel, en medio del páramo, con los tres mazacotes. Los veía cuando iba al pueblo de mis abuelos y también en la época en que viví en Urrea de Gaén, en el Bajo Aragón. A veces jugábamos partidos o teníamos viajes con estudiantes de Andorra, gente de Urrea estudiaba o trabajaba allí. Era un símbolo de un motor económico: llegó a suponer el 10% del PIB de la provincia. También, sobre todo cuando vivía en el Maestrazgo y sobre todo en las comarcas de Castellón, oía quejas por la contaminación que causaba. Hacíamos chistes cuando pasábamos: era Springfield, el pueblo de los Simpson, con la central donde trabajaba Homer. Ahora me parece que la cosa se parece sobre todo a Youngstown, una canción de Bruce Springsteen sobre la devastación de una comunidad minera. «Ahora, señor, me dice que el mundo ha cambiado,/ una vez que le he hecho lo bastante rico,/ lo bastante rico para olvidar mi nombre».

Siempre tenemos que adaptarnos, pero muchas veces no estamos a tiempo. Mi abuelo, que tuvo la polio de pequeño, no habría podido trabajar en el campo, como habría sido su destino. Si hubiera nacido más tarde, habría podido vacunarse. La nostalgia por el pasado exige ignorar muchas cosas, sea a propósito o no. También lo exige celebrar acríticamente algo que simboliza el fin de una forma de vida para mucha gente. Muchas de las promesas que se hicieron para ayudar a la transición en Andorra no se han cumplido, la destrucción de la naturaleza de la zona para producir energía sigue aunque de forma distinta, y la demolición de la central, que habría podido tener otros usos, apunta a la falta de imaginación y a la desidia.

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