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El Periódico de Aragón

Juan Bolea

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Juan Bolea

Los espías y el Gobierno

La restauración de la Colegiata de Santa María ha supuesto un verdadero hito en Calatayud. La visito con Fernando Rueda antes de su charla en el Seminario de Nobles, otro maravilloso edificio bilbilitano destinado a eventos culturales y a una Biblioteca Pública coordinada con tanta vocación como acierto por Manuel Alejandre. Fernando Rueda lleva un par de semanas atendiendo a los medios y participando en toda clase de programas y tertulias. El motivo no es otro que Pegasus, el escándalo de los espías españoles que han vigilado a políticos y vaya usted a saber a quién más.

Desde hace veinticinco años, Rueda se ha ido especializando en las agencias de inteligencia, en general, y en el Centro Nacional de Inteligencia, en particular. Libros suyos como La Casa se reeditan una y otra vez para gozo de los lectores; también, e igualmente a menudo, para enfado de los dirigentes del espionaje español, tan celosos del secreto de sus operaciones como sus víctimas lo eran de su intimidad antes de ser vulnerada.

En opinión de Fernando Rueda, no hay la menor duda de que el CNI trabaja para el Gobierno español, sea cual sea este. Solo para el Ejecutivo, para Moncloa, insiste, nunca para los jueces o para la Policía. De acuerdo con esas instrucciones, siguen, vigilan, ponen micrófonos a aquellos individuos de quienes se sospecha puedan atentar contra la seguridad nacional. Sus informes, acompañados de análisis de expertos, van siempre dirigidos al Gobierno. En época de Juan Carlos I, sin embargo, y así lo expone Rueda en su último ensayo, Al servicio de su Majestad, el hoy monarca emérito habría intervenido activamente en la constitución y actividades del CNI, parte de cuya estructura lograría poner a su servicio. Esa actitud de Juan Carlos pudo deberse, apunta Rueda, a su carácter desconfiado y al hecho de haber sido vigilado por la policía de Franco.

En su charla-coloquio en Calatayud, el autor contestó numerosas preguntas. Entre ellas, la diferencia entre un agente especial y criminales como los que atentaron contra Khashoggui o Navalny. «En algunos países esa diferencia no existe», apostilló. Aclarando, eso sí, que no le consta se haya dado en el CNI un caso similar; es decir, que espías españoles tengan licencia para matar.

Aunque, dentro del espionaje, todo sea posible…

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