Kiosco

El Periódico de Aragón

Editorial

Bajas por reglas incapacitantes

No hay una única forma de menstruar. La regla puede provocar desde molestias ligeras hasta dolores intensos. Se calcula que un 15% de las mujeres en edad fértil sufre dolores incapacitantes (dismenorrea), un padecimiento incompatible con una vida normal. El borrador de la nueva ley del aborto ha expuesto la intención del Ministerio de Igualdad de plantear una baja laboral para estos casos. La propuesta ha generado debate, también dentro del Gobierno, por el temor de que la medida pueda estigmatizar a las mujeres e incidir negativamente en su inserción y desarrollo laboral.

Ahora ya lo sabemos, la menstruación no corta la mayonesa ni es motivo para no practicar deporte o para aislarse en una habitación. No agria el vino ni oxida el hierro ni enloquece a los perros, como afirmaba el escritor y científico romano Plinio El Viejo. Los tabús que convertían la menstruación en un episodio impuro y vergonzoso van superándose, pero estamos lejos de su completa normalización. Una herencia de mitos e ignorancia ha provocado una auténtica brecha de conocimiento entre el cuerpo femenino y el masculino. Aunque la medicina lleva años tratando de recuperar terreno, el abismo es importante. Basta recordar la cantidad de mujeres que reportaron alteraciones en sus ciclos menstruales al recibir la vacuna contra el coronavirus. Sencillamente, los ensayos clínicos previos no consideraron los efectos específicos en la fisiología femenina.

Nada es casual. Antiguos tabús y un sesgo discriminatorio hurtaron una mirada científica sobre la menstruación. Era cosa de mujeres. Por tanto, algo de menor consideración. Las molestias normales y los dolores incapacitantes se echaron al mismo saco. Un mismo contenedor para alimentar la narrativa de la debilidad. Demasiado frágiles para trabajar, para exponerse en las calles, para equipararse a los hombres… El sexo débil. Contra esta discriminación batallaron las feministas. En 1910, la médica e investigadora norteamericana Clelia Duel Mosher publicó que no hay ninguna razón fisiológica para que las menstruaciones normales discapaciten a las mujeres. Pero era una voz contra millares. De hecho, en 1912, The New York Times argüía en su editorial que las mujeres no deberían tener derecho al voto porque son emocionalmente inestables cuando están menstruando.

Hoy ya no está en duda la capacidad laboral de las mujeres, pero sigue en la penumbra la complejidad de la menstruación. La endometriosis (enfermedad que causa dismenorrea y afecta a un 10% de mujeres en edad reproductiva) tarda una media de nueve años en ser diagnosticada. La sanidad pública catalana incorporó en 2018 un modelo de atención, al considerarla «invisibilizada y estigmatizada». Solo seis autonomías cuentan con unidades especializadas en hospitales públicos para atender a las pacientes con esta enfermedad. Queda mucho camino por recorrer.

La propuesta del Ministerio de Igualdad no va a convertirse en una suerte de barra libre de bajas laborales, como aducen algunas voces contrarias a la medida. Ese argumento solo criminaliza a las mujeres. No se trata de un permiso automático, sino de la certificación médica de un dolor invalidante. ¿Puede perjudicar a la integración laboral de las mujeres? No debería. Por ello es necesario conseguir el máximo consenso, también de los sindicatos. Ya no estamos en los inicios del siglo XX. La menstruación forma parte de la vida de la mitad de la humanidad: reconocer sus formas más dolorosas es una simple cuestión de información y de superar tabús ancestrales.

Compartir el artículo

stats