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El Periódico de Aragón

Margarita Barbachano

Cosas que pasan

Margarita Barbáchano

La vergüenza nacional

En 1978 Berlanga dirigió La escopeta Nacional, un ácido retrato de la clase empresarial, la aristocracia y la política del franquismo. El director no dejó títere con cabeza en la película donde se paseaba el Opus Dei y sus ministros, los marqueses y la curia eclesiástica. Este sainete se podría reproducir hoy bajo el título de La Vergüenza Nacional que provoca la monarquía española con el emérito a la cabeza. Hace poco oí decir a alguien en televisión que a ella no le molestaba la monarquía mientras tuviera ejemplaridad y transparencia. Pues a mí me molesta y mucho, visto como carecen de estas virtudes.

Me molesta que sigamos manteniendo a cuatro reyes con los presupuestos generales del Estado, cuando en España hay tres millones de parados y una tasa de desempleo del 13,5%. A los reyes todo les sale gratis: la casa, el consumo, los viajes, las residencias de verano y los caprichos.

Me molesta la exhibición y provocación de Juan Carlos I en su primera visita a España desde su dorado exilio en los Emiratos Árabes para participar en las regatas de Sanxenxo a bordo del Bribón. Ahí estaba él disfrutando ajeno a la España real que espera alguna explicación sobre su conducta y sus sucios negocios. «La visita está siendo muy buena», explicó. «¿Explicaciones, de qué?», lanzó con una sonora carcajada a la cara de la prensa. Como dijo la periodista Angels Barceló en la SER: «El emérito hace lo que le da la gana». Está crecido porque la fiscalía cerró las investigaciones, aunque incurriera en delitos fiscales prescritos para él por su inviolabilidad. Queda pendiente un posible cohecho y blanqueo, que se cerrarán también. ¡Es un hombre inviolable! y se lo cree.

Me molesta su prepotencia. No volverá a pronunciar aquella frase al salir del hospital operado de cadera tras abatir a un elefante en una escapada con su amante. «Lo siento, no lo volveré a hacer».

Me molesta y decepciona la inmediata visita de Felipe VI a Vigo para blanquear la frivolidad del emérito en las regatas. Los monarcas se ríen del pueblo, con operaciones calculadas al milímetro. No se juntan en público, no habrá fotos juntos, pero en Zarzuela pasaron once horas con su extensa familia. Y el rey y Jefe del Estado ya ha aceptado su regreso cuando desee.

Me molesta ese espectáculo antiguo y caduco de los privilegios de la familia real reunida en el palacio de la Zarzuela para rendir pleitesía a un hombre que huyó de España, como su antepasado Alfonso XIII.

Me molesta el numerito de la reina Sofía, largándose unos días a Miami en viaje oficial, coincidiendo con no sé qué celebración venida al pelo para no encontrarse con el marido infiel. Eso sí, luego nos cuentan fuentes de palacio que cogió el covid (vaya usted a saber) y que en la macro reunión familiar y despedida estuvo con la mascarilla puesta y en una esquina aireada.

Me molesta que el Gobierno sea tan condescendiente con la situación. Solo el ministro Alberto Garzón ha hablado claro: «Esta persona es un ladrón y un delincuente».

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