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El Periódico de Aragón

Vicente Calatayud

Tercera página

Vicente Calatayud

Catedrático Emérito de la Universidad de Zaragoza

Quién lo iba a decir

La ideología se crea, expresa y difunde a partir de las células gliales

Eran aquellos tiempos en que la convivencia, el respeto y la amistad se sustentaban en la educación familiar y escolar. Por principio, se respetaban entre sí todos los miembros de la familia y se inculcaba hacerlo con maestros y profesores. Entonces, cuando acontecía lo inesperado, grato o desagradable, nunca faltaba quien exclamaba «¡Quién lo iba a decir!». Era el asombro ante la circunstancia del ascenso, título, matrícula de honor, cátedra, alcaldía, concejalía o presidencia logrados por alguien en principio poco idóneo o válido.

Relegada la frase en el léxico sociocultural actual, ve la luz otra exclamación con el mismo significado y casi permanente en nuestra autonomización democrática: «¡Es quien más votos tiene!», como si la pureza electoral no pudiera manosearse postal, manual o electrónicamente e incluso –ya se ha visto– urnamentalmente (más información al respecto, en el CIS).

Quién iba a decir que el nivel cultural de nuestros gobernantes democráticos, a pesar de la difundida libertad de mentir, superaría considerablemente, pero por abajo, el de los de la extinta democracia orgánica.

Sin notarlo apenas, hemos cambiado el repertorio. El antiguo incluía «Cópialo cien veces y hoy no sales», «Como vaya, vas a venir caliente» y «Enséñame las notas ¡ya!». El inminente parece preferir, en las gacetas, «Te lo mereces por progresista», «Has comprendido adecuadamente las exhumaciones no forenses», «Es encomiable tu asistencia a los escraches antiopresores con quema de banderas» o «Has ayudado con éxito a los okupas».

Quién lo iba a decir: ahora, cuando venturosamente ya no se fusila a las personas en España, abundan, impunes, otros fusilamientos: los de tesis doctorales, títulos académicos, obras de arte, proyectos revestidos de ERE, másteres gaseosos y sorprendentes textos eclesiales.

Quién iba a decir que se volatilizarían los suspensos y que la valoración del conocimiento adquirido sería impregnada en la evaluación ideológica sexual y de género.

Quién iba a decir que se nos querría convencer de que la menstruación dolorosa no era, hasta ahora mismísimo, causa habitual de baja laboral.

La ideología se crea, expresa y difunde a partir de las células gliales (no neuronas). Ese sufrido tejido de sostén sustenta escraches, golpes independentistas, groserías parlamentarias, indultos patológicos, inelegancias de los atuendos y peinados y su aceptación interesada por el Gobierno. Al poco de suceder, todo este conjunto, en un avance cultural democrático único en Europa, marcará nuestro futuro científico y académico. Llegará un puñado de cargos ministeriales a anunciarnos tales maravillas como amparadas por las leyes.

Son los más votados.

¡Quién lo iba a decir!

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