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Javier Fernández

El artículo del día

Javier Fernández López

Asesinos y violadores

Las agresiones sexuales son intolerables y la actitud de algunos familiares, también

El marqués Cesare Beccaria, nacido en Milán (1738-1794) fue un filósofo, jurista y escritor que con su obra De los delitos y las penas tuvo una enorme repercusión, especialmente en Francia en ambientes previos a la revolución de 1789. Pasa por ser el padre del Derecho Penal ya que los principios contenidos en su obra rompían radicalmente con la práctica absolutista de penas crueles y desproporcionadas.

Suelo acordarme de este adelantado a su tiempo cada vez que tengo conocimiento de algún crimen especialmente brutal y escucho comentarios del tipo de «serían necesarias penas más duras». Y confieso que, a veces, me resulta difícil defender la tesis de la proporcionalidad como la base del derecho punitivo.

En este mes de mayo recientemente dejado atrás han sido varias las noticias que nos han quitado la respiración, asesinatos y violaciones. En los EEUU, en Texas, ha habido dos tiroteos especialmente graves, en Buffalo y Uvalde, con 10 y 21 muertos respectivamente. En España, en la Comunidad Valenciana, en Burjassot y Villarreal, dos grupos de jóvenes integrados por 5 y 4 presuntos delincuentes, han violado a unas niñas que no tenían ni 13 años y a una joven.

En este mismo medio, hace unos años, ya escribí sobre la estupidez colectiva norteamericana en relación con las armas de fuego. Tras la difusión del documental Bowling for Columbine, de Michael Moore, cuyo visionado recomiendo a quienes no lo hayan hecho aún, quedaban claras dos cosas: una mayoría de ciudadanos no quieren resolver ese problema y entre los políticos los hay que comulgan con esa idea, republicanos en su mayor parte, y otros que por cobardía ante unas posibles urnas adversas no se deciden a tratar de meterle mano. Además de citar la segunda enmienda, que queda muy bien, se suele recordar la libertad como principal argumento para seguir defendiendo la posesión y uso de armas de forma casi ilimitada. Y por mucho que se insista en que somos diferentes y que nuestra cultura no es la suya, me atrevo a decir que asesinar indiscriminadamente a personas que han tenido la desgracia de ser convecinos de estos salvajes no tiene nada que ver con la libertad. Libertad sin límites no es libertad, es libertinaje, aquí, en los EEUU y en la Cochinchina.

Un detalle muy importante y que enlazaré con lo que voy a escribir en relación a España es la juventud de los presuntos delincuentes, dicho sea de forma en exceso precisa por aquello de la terminología jurídica. Están en edad escolar.

Las violaciones grupales se han puesto de moda, si es que dejaron de estarlo alguna vez, en nuestro país. Con lamentable frecuencia tenemos noticias de que en unas fiestas o entornos festivos un grupo de hombres agreden violentamente a una o varias muchachas, a veces casi niñas. Está claro que no podemos hacer comparaciones con la gravedad de unos asesinatos, pero se trata de delitos de una extrema repugnancia y así deben ser tratados, con penas proporcionales como muy bien nos enseñó Beccaria. De forma conexa con uno de estos hechos, el de Burjassot, ocurrió algo que nos debería llevar también a cierta reflexión. Los autores, o casi todos, fueron detenidos y puestos a disposición de la autoridad judicial. Realizadas las primeras indagaciones la instructora del caso decidió poner en libertad vigilada a los presuntos violadores y en las puertas del juzgado se concentraron familiares y amigos de esos muchachos y los recibieron con aplausos, vítores y llegaron a subir a hombros a uno de ellos. No sé si fiscalía ha tomado cartas en el asunto pero yo me atrevo a afirmar que ahí hay contenido delictivo.

Una de las ideas más repetidas de la filosofía ateniense es la que afirma que debemos poner en la escuela lo que queramos para nuestra sociedad. La clave, según esta afirmación, es la educación. Y yo así lo creo. A lo mejor en lo que discrepamos es en lo que entendemos por ese concepto. Me temo que hay muchas personas que creen que la educación es lo que se explica en los centros de enseñanza y eso es un grave error. Los padres, la familia, los amigos, la televisión, los juegos electrónicos, las redes sociales y algunos otros factores conexos juegan hoy un papel decisivo. Parece ser que hay niños de 12 años que ven canales de pornografía.

Resumiendo: dejemos a los estadounidenses con sus armas, la mayoría así lo quiere y es un asunto que no van a solucionar. Pero entre nosotros algo más deberíamos intentar, somos conscientes de este problema y nos corresponde tratar de resolverlo. Las agresiones sexuales son intolerables y la actitud de esos familiares también.

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