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El Periódico de Aragón

Daniel Gascón

Ética es lo que les falta a otros

El otro día, en un momento particularmente estupefaciente de la política española, la candidata de Vox en las elecciones andaluzas Macarena Olona manifestó en un debate su escándalo ante la idea de que hubiera educación sexual. El debate público de nuestro tiempo consiste en que alguien de un partido o de su ejército simbiótico dice una memez y todos entramos en su campo gravitatorio. Algunos respondieron en serio: la falta de información no es preferible al conocimiento, la educación sexual sirve para proteger de los abusos.

En 1993 se daban charlas de educación sexual en los colegios públicos del Bajo Aragón: lo sé porque a veces las impartía mi madre, médica del pueblo. Pero a menudo la mejor manera de contestar a las tonterías es con un chiste: Teresa Rodríguez citó a Woody Allen, que recordaba que la masturbación es tener sexo con alguien a quien amas. Iván Espinosa de los Monteros reprochó a Rodríguez: qué poco apropiado citar a Allen en un contexto de sexo y niños. De pronto, el dirigente de Vox adoptaba el Hermana, yo sí te creo y se volvía seguidor de la versión de Mia Farrow. No respetaba la presunción de inocencia de Allen y validaba lo que con altísima probabilidad y sin duda según los estándares de Vox es una denuncia falsa.

Un caso con implicaciones más serias es el de Mónica Oltra. La vicepresidenta de la Generalitat Valenciana y líder de Compromís está investigada por el supuesto encubrimiento del caso de abusos de su exmarido a una menor tutelada. Las acciones habrían buscado desacreditar el testimonio de la menor que sufrió abusos. Oltra es inocente mientras no se demuestre lo contrario. Podemos discutir si la responsabilidad política obliga a dimitir en situaciones como esta. Pero es incoherente que quien ha exigido la dimisión a otros cuando estaban imputados aplique reglas distintas en su caso. Que adornara su postura diciendo que era una decisión «ética, estética y política» y que la tomaba para que evitar que el fascismo derrote a la democracia es un ejemplo de bancarrota ética, estética y política.

Algunos defensores enarbolan justificaciones: denuncias impulsadas por hostilidad ideológica, jueces con ojeriza, etc. Todas esas explicaciones habrían podido presentarse en los casos en que se exigían dimisiones. El estándar, dicen algunos, está mal puesto: el celo purificador del 15-M y sus spin offs establecían unos criterios imposibles, y el caso debería hacernos reflexionar. No creo que conduzca a la reflexión sino a un realismo áspero. La matraca de “la gente decente”, la reivindicación de la ejemplaridad y la fiscalización solo se aplican a los demás. Ya se sabe, como ha explicado Savater, que ética es lo que les falta a los otros.

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