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El Periódico de Aragón

Juan Bolea

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Juan Bolea

Jugando a los Juegos

Hace ya muchos, demasiados años que nuestros vecinos catalanes viven en una esquizofrenia política de grotescas consecuencias, algunas de las cuales afectan por desgracia a terceros. Cada vez más debilitada la Generalitat por partidos que, sin haber ganado las elecciones autonómicas en Cataluña, secuestran la voluntad popular y la opinión pública, su actual deriva presenta tintes de histriónico patetismo. Solo desde un punto de vista histérico o cómico pueden interpretarse las últimas declaraciones de los portavoces de la Generalitat, acusando al Gobierno de Aragón de «haber impuesto el anticatalanismo» en el fracaso de los Juegos de Invierno 2030.

Nada, desde luego, más lejos de la realidad. Ni Aragón es anticatalanista ni lo ha sido nunca. Muy por el contrario, durante siglos integró a Cataluña en la Corona de Aragón con pleno respeto a sus instituciones y usos. En la comunidad aragonesa nunca hubo ni hay hoy ningún anticatalán, aunque sí numerosos críticos —entre los que me sumo—, contra las sectarias, falsas, supremacistas, demagógicas, marrulleras prácticas de Junts y Esquerra Republicana en cuanto a condicionar el futuro o en cuanto a alterar el pasado se refiere.

A las intransigentes posturas de la Generalitat respecto a los pasos fronterizos en el Pirineo, los Bienes artísticos, el Archivo de la Corona, los caudales del Ebro o la Conferencia de Los Pirineos hay que sumar en las últimas semanas su ventajista y chantajista postura respecto a la organización de unos Juegos Olímpicos de Invierno.

Acerca de cuyo planteamiento inicial, siendo en principio buena idea presentar una candidatura conjunta por el Pirineo español, nadie objetó nada. Pero los disensos comenzaron en cuanto la Generalitat hubo desvelado su estrategia. No otra que la de hacerse con las mejores pruebas, dejando las de menor nivel y difusión a las estaciones aragonesas. Así planteados, los Juegos eran inviables desde el primer momento. Aragón no podía aceptar las condiciones de un Comité Olímpico que negociaba de parte, asignando a Aragón de antemano un papel inferior y, por tanto, menor captación de inversiones.

Como compensación, el Gobierno de Aragón haría bien en explorar otras opciones, como la de Jaca, para promocionar nuestros deportes blancos. Prográmese y proyéctese nuestro Pirineo y seguro que ganamos medallas de mucho valor.

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