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El Periódico de Aragón

José Manuel Lasierra

La inflación gana la guerra de Ucrania

Es posible que los rusos sufran incluso más la caída del nivel de vida, pero tienen un estándar más bajo

Se ha dicho en muchas ocasiones que Rusia sería derrotada en Ucrania, que incluso ya había perdido la guerra. La propaganda y la desinformación de Occidente no sé si es menor que la de Rusia. Lo que ocurre es que la propaganda a veces choca con la realidad y la realidad es la inflación que padecemos, la caída nuestro nivel de vida, los costes en los que estamos incurriendo. ¿No les ocurre lo mismo a los rusos? Sí, y es posible que con más dureza. La diferencia es que ellos tienen un estándar de vida más bajo, más capacidad de sufrimiento, tienen mayores dosis de patriotismo en este asunto que Occidente y no disponen de un sistema democrático abierto que exprese electoralmente las discrepancias y el malestar.

En Europa, pasado el primer momento vemos la guerra como algo lejano, aunque lo tenemos en nuestras puertas. Los intereses que hay detrás no se nos cuentan. Muchas milongas, excitar las pasiones y apelar a sentimientos y apoyos pero las razones y los intereses materiales que son lo que mueven voluntades, nada de nada. Igual nos cuentan un día cuál era el interés de EEUU de invadir Irak a miles de kilómetros de sus fronteras. Un antecedente tan salvaje como la invasión de Ucrania. Los ucranianos tendrán un alto grado de patriotismo pero no son fanáticos islamistas, Ucrania no es Afganistán. Hay notables diferencias entre patriotismo y fanatismo. Afganistán fue la gran derrota de Rusia financiada y apoyada por Estados Unidos y por el islamismo y también fue una gran derrota para EEUU y Occidente. No habrá diez años de ocupación de unos seguidos por otros diez de otros.

De momento quien va perdiendo la guerra, además de los ucranianos, es Europa con los costes derivados de los precios de la energía y las materias primas y los riesgos en el suministro. No vale la propaganda ni la geoestrategia: el valor de la cesta de la compra lo entiende, y lo evalúa, todo el mundo. A partir de aquí el traslado de este malestar a los gobiernos respectivos va a ser inmediato. No digamos si llega a haber problemas de desabastecimiento en los próximos meses, como se están produciendo de forma parcial últimamente en algunos países, a modo de aviso, quizá, o de amenaza si se quiere. Por más ayuda que los ucranianos tengan de la UE y de EEUU la guerra no la pueden sostener y no la querrán continuar y los europeos si siguen estos costes tampoco. Va a aflorar un malestar social por la pérdida del nivel de vida que empujará a los gobiernos a actuar. Ya está ocurriendo.

Mi lectura de la reciente visita de los líderes de Alemania, Francia e Italia a Ucrania es que la UE quiere acabar con la guerra. Para eso tratan de convencer a Ucrania de que negocie algún acuerdo de paz. Un acuerdo, sospecho, que supondría la cesión de la parte oriental e incluso toda la costa del Mar Negro, porque Rusia no cederá después del enorme coste que le está suponiendo. La contrapartida que ofrece la Unión Europea es la integración de Ucrania. No teníamos bastante con Polonia y Hungría y apoyamos que entre un país cuyos estándares democráticos dejaban mucho que desear antes de la guerra. Dudo seriamente que mejoren cuando toque la reconstrucción.

El general invierno va a ser muy duro para los ucranianos y también para los europeos que, confortablemente instalados, se nos puede hacer insufrible y eso lo saben los gobiernos... y los rusos. La dependencia energética europea con los consiguientes efectos de arrastre al conjunto de la economía y de la vida cotidiana no permite que nos pongamos chulitos ante uno de nuestros principales proveedores, por la invasión ciertamente de un país libre, en tiempos que creíamos superados, un país del que en todo caso no conocemos su idiosincrasia ni las relaciones que durante más de 300 años ha mantenido con Rusia. Los dirigentes europeos tenían que decirnos y plantearnos el coste de la guerra y hasta dónde estamos dispuestos a apoyarla.

De momento para aumentar la capacidad de respuesta a los problemas energéticos, hasta los Verdes en Alemania han asumido la vuelta del carbón para producir electricidad. Entre el calentamiento global y el calor en los hogares, escogen lo último. ¡Ay... el ecologismo de los opulentos! Nosotros, creo que no debemos echar de menos la demolición de las torres de la térmica de Andorra, pero valorar nuestras capacidades y los riesgos es más que imprescindible. Y ya veremos.

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