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El Periódico de Aragón

Vicente Calatayud

Vicente Calatayud

Catedrático Emérito de la Universidad de Zaragoza

Democracia de corta y pega

Nuestro sistema ha sido incapaz de finiquitar el amiguismo predemocrático, al contrario, lo ha mejorado

No hace muchos días, comenté que era frecuente utilizar el vocabulario científico-médico para describir situaciones de la vida real. Hoy me reitero, aceptando las posibles críticas (enseñan siempre) que pudieran caerme. No siempre resulta positiva la aplicación de una técnica científica en la vida social o académica.

Digamos que la sociedad es un soma con células en forma de instituciones y los ciudadanos, sus genes (ADN) que las protegen, modifican, sufren y disfrutan según tácticas, clima, localización autonómica, etc. Las leyes que ellos mismos construyen para la convivencia celular serían como proteínas socioeconómicas, culturales, académicas, sociales y políticas. Tendremos un sustrato sociodemocrático en el que cualquier regla científica acreditada se podrá aplicar al soma social, células institucionales, o genoma, para justificar alguna de sus acciones extravagantes, dinamismos furtivos o substituciones interesadas de ciudadanos o consejeros por pérdida de la calidad de amistad o porque ya no aportan lo suficiente a la causa que los aupó a esa condición.

El acrónimo CRISPR es el nombre científico que reciben unas secuencias repetitivas presentes en el ADN, que en nuestro relato correspondería a los ciudadanos. Con posibilidad de cambio, pero no siempre beneficioso, ya que el gen sustituto podría estar contaminado del veneno: político (no podrá dormir), cultural (lenguaje inclusivo), académico (Aneca, Universidad y Reales Academias), ideológico (rojos y fachas), religioso (católicos, judíos, ortodoxos, musulmanes), etc. que atracó a los ciudadanos con una carga importante de soberbia imaginativa.

Esta técnica, según sea la tijera ejecutora (académica, política, judicial o social) permite modificar u olvidar definiciones, corregir normas, cambiar o frenar convocatorias y alterar reglamentos y estatutos para conseguir apropiados fines ideológicos, políticos o, simplemente, ser expresión de soberbia e incluso acudir al pasado para justificar la recompensa y agradecimiento por algún beneficio, favoreciendo la incorporación de una célula invasora, capaz de dejar en el tintero definiciones reconocidas en textos legales o promesas incumplidas justificadas con falsedades.

Se ha puesto de moda y se usa con excesiva frecuencia un procedimiento de «corta y pega» en las heterogéneas entidades celulares de nuestro soma social. Unas maletas de contenido desconocido fueron la causa de un «corta y pega» en el Gobierno con cambio inesperado de un aminoácido y una proteína de alto nivel. Pegasus fue la tijera que cortó injustamente el cordón umbilical del CNI. En una de nuestras Reales Academias, se confundieron intencionadamente la Psicología con la Psiquiatría y la Ética con la Medicina Legal a pesar de las definiciones que constan en su propio soma. Especial es el «corta y pega» de la asamblea otánica, donde el omnipresente aminoácido mitomaníaco ha engañado a las variadas proteínas llegadas de allende nuestras fronteras.

Nuestro sistema ha sido incapaz de finiquitar el amiguismo compensatorio en el soma social predemocrático: al contrario, ha incluido nuevas tecnologías para mejorarlo, con la complicidad silenciosa del ADN votante.

Es una técnica que, aplicada sin escrúpulos en el soma social, puede conseguir modificar el genoma votante, cambiar las convocatorias y sus contenidos e incluso fomentar una falsa amistad para conseguir, con mayor seguridad, neorrealidades ilegales, afines a una soberbia disfrazada de causa ideológica, académica, política o de fe. Pero a sabiendas de que son indeseables y sin que importe la decadencia que origina esta forma de actuar en las instituciones democráticas. En biología, sería tratar enfermedades genéticas. En sociología, la degeneración democrática.

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