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El Periódico de Aragón

Ángela Labordeta

La mentira sí tiene decencia

Mentir es una cualidad del ser humano, una cualidad que aprendemos temprano y que usamos para conseguir un propósito o para proteger a alguien que queremos de algo que podría causarle dolor, también para protegernos a nosotros mismos. Mentir es como una terapia sin psiquiatra o como un mar con resaca y marejada en el que zarandearnos y cuando somos niños la mentira nos salva del aburrimiento y nos permite viajar hacia realidades que construimos con nuestras mentiras, que siendo no verdades no alcanzan el ruidoso daño de la mentira, esa con la que los padres amenazan con implacables castigos si el niño osa decir una mentira. Y el niño las dice y las decíamos, mentíamos cuando nos confesábamos o cuando le prometíamos a aquella chica que siempre seríamos amigas y mentíamos cuando al probar la primera cucharada de un plato, le asegurábamos a la anfitriona que la sopa estaba buenísima, aunque no fuera más que agua sucia y seguíamos mintiendo cuando silenciábamos nuestra rabia de ya no hijos únicos y asegurábamos adorar a nuestro hermanito, que nos parecía un ser horrendo y ruidoso.

Mentir, al cabo de los años, se convierte en una forma segura de no hacer daño o de generar ilusiones con cosas que pudiendo pasar hay que forzar para que sucedan y entonces la mentira comienza a adquirir una nueva dimensión que nos fascina, porque es difícil desvelar su naturaleza y aún más adivinar la razón por la que necesitamos de sus servicios. La mayor parte de esas mentiras tienen un carácter casi piadoso y son lanzadas para conseguir la felicidad ajena, que no la propia, y en esos casos la mentira es casi como una bendición que llega para que mamá no sufra, para que papá no se sienta solo, para que la abuela no se crea tan vieja y enferma, para que esa amiga del alma se piense amada por ese muchacho que ni siquiera la mira, para… y así la mentira construye una realidad paralela en la que todos vivimos algo más felices y mentir solo es una forma de hacer que las cosas que nunca van a suceder existan durante un instante, porque mentir es modificar la realidad aunque solo sea por unos segundos.

Mentir, siendo adultos, adquiere su peor connotación, ya que la mentira se usa para buscar el daño ajeno y su objetivo nada tiene de piadoso, más bien es sanguinario y finalista, porque con esa mentira que ha sido fabricada y blanqueada minuciosamente se busca destruir a alguien para modificar el curso de la historia y así mantener el poder que, al contrario que la mentira primera que sí tiene decencia, está lleno de cuevas con cadáveres sin rostro. ¡Pobre mentira estrangulada en veladas donde el sarcasmo y el insulto son los invitados de honor!

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