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El Periódico de Aragón

Sergio Ruiz Antorán

Carta a Brais

Querido Brais: reconozco que te he mentido. Es pura cortesía. Mi sentimiento hacia ti no es el amor del saludo. Va por la otra orilla. También sé que difícilmente leerás este artículo. Y sé que no te conozco. Que seguramente sea injusto.

Sí conozco a tu perro. Ese que miraba hacia donde te habías ido. A más de dos mil metros de altura. En un valle del Pirineo. Solo, atado a una cuerda, cariñoso, devolviendo lametazos a cada caricia. Una hora de dulzura mientras no volvías. Me costó la vida dejarlo con esa pareja de franceses que decidió hacerle compañía.

Estoy convencido de que realmente amas a tu precioso labrador. Esa emoción justifica que te preocupases en dejarlo cerca de una sombra y junto a un río para que pudiera aliviarse del calor y el solazo de 40 grados. Seguramente, o ese es mi pensamiento, tomaste tu decisión por esa canícula o quizá porque sabías que desde ese punto el camino se empinaba y que para progresar había que hacer uso de unas manos que tu compañero no tenía. Pensarías en su bienestar.

Pero, si te paras a pensar, todas estas buenas intenciones son el mismo listado de razones para no haberlo llevado esta vez contigo, dejarlo en casa. Si estabais solos, no es excusa, hay miles de perreras que guardan maravillosamente a nuestros animales en estos tiempos de vacaciones. Y si no… lleguemos al extremo, quizá tu estilo de vida no es compatible con el compromiso que supone mantener a un bichito. Me dirijo a ti, como lo podría hacer a aquella mujer que, viendo que su perrete no podía más, ese mismo fin de semana, decidió malgastar el tiempo y dinero de los Grupos de Rescate para que fueran a buscarlos. A ella le cayó una merecida denuncia. A ti Brais, no, pese a que las normas del Parque Natural, por no hablar de la humanidad, censuraban tu comportamiento como ilegal.

A vosotros o a todos aquellos que ahora habéis decidido venir a las montañas o a cualquier medio natural y traéis a vuestro perro de ciudad, comprender que él o ella, fiel, os seguirá donde sea, porque sois su vida, su sustento y su alimento. Por eso sed responsables, adaptad vuestras vacaciones a ellos y no al revés. Respetad las normas del sentido común, de la convivencia con otros humanos, con la naturaleza, con otros animales y otros perros, sobre todo los que están trabajando con el ganado. Vuestra actitud educará al cachorro. Pensad que no todo gira alrededor de vuestra vida y que el abandono nunca es opción. Simplemente, aprended de ellos siguiendo su ejemplo chatunguero. Amarlos incondicionalmente con toda la bondad inimaginable.

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