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El Periódico de Aragón

Daniel Gascón

Delante de tus narices

Daniel Gascón

La corrupción buena, la nuestra

Resulta tremendamente injusto decir que la corrupción de los partidos de izquierdas es igual que la corrupción de los partidos de derechas. La corrupción de los partidos de izquierdas se puede cometer sin perder la superioridad moral, como hemos visto en las reacciones a la sentencia del caso de los ere. Numerosas voces han destacado la integridad y honestidad de los condenados, y han señalado que no se enriquecieron personalmente.

El presidente del gobierno ha declarado que han pagado justos por pecadores, que es lo mismo que ha dicho la nueva portavoz parlamentaria del PSOE, Pilar Alegría, porque la vida es bella y tiene esas casualidades.

Todavía no conocemos la sentencia, pero ya antes se señalaba que este asunto no se podía comparar con otros casos de corrupción como la trama Gürtel del PP. La corrupción de los partidos está destinada a conservar el poder, y en ese sentido es debatible que el clientelismo sea menos reprochable que otras variedades.

El argumentario de costumbre mezcla sofismas y chatarra; en realidad, la diferencia sustancial es que esta corrupción la han cometido los nuestros. Siempre habrá algún plasta que recuerde la justificación de la moción de censura que desalojó al PP del poder en 2018: aquello era un proyecto regeneracionista, destinado a devolver la dignidad a las instituciones.

Algunos oráculos y terapeutas del gobierno de coalición han teorizado la imposibilidad de cualquier pacto entre las fuerzas centrales del sistema: ¿cómo iba a pactar el PSOE con un partido con esos casos de corrupción? No es fácil disipar la impresión de que la pulsión regeneracionista es meramente instrumental. A quien no haya estado en un partido político y no conozca los efectos de la militancia en personas inteligentes y honestas le puede sorprender la reacción ante la sentencia por parte del gobierno y comentaristas afines. Es comprensible que haya solidaridad y afecto hacia las personas implicadas o dudas sobre la sentencia. Se entienden menos las justificaciones, incluso desde un punto de vista pragmático: ¿no puedes –como a veces intenta el PP, con éxito dispar– distanciarte del pasado? A menos, claro, que las políticas clientelares te parezcan virtuosas si son los tuyos quienes las llevan a cabo. En ese caso, lo mejor sería quitarte los remilgos y acompañar la valoración con la promesa de la reincidencia.

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