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El Periódico de Aragón

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Jorge Latre

La letanía de los Juegos Olímpicos

La discreción, en cualquier aspecto de la vida, debe ser considerada como una de las grandes virtudes a poner en valor en las personas. Una característica pilar, una cualidad tractora si utilizamos el lenguaje de los Fondos Europeos Next Generation. Una de esas notas que si concurre no se valora siempre lo suficiente pero cuya ausencia puede disparar todas las alarmas. En el ámbito de la política (también en el laboral, en el académico, etc.), la discreción muchas veces no es susceptible de asociarse a la virtud común y sí a la rareza, a lo extraordinario. De modo que la falta de iniciativa, la ausencia de ideas, entre otras carencias propias, es suplida con ruido, con mucho ruido. Pero por poco común, créanme que existe.

Lo traigo a colación porque desde hace semanas, en concreto desde que se filtró el ya famoso audio del «(…) ni puto caso a Zaragoza (...)», poco habíamos tenido oportunidad de conocer ni del mismo ni de sus máximos protagonistas gubernamentales y no gubernamentales a ambas orillas del río Ebro. Tampoco se habían escuchado disculpas hacia el territorio y a sus gentes; «memorable» y a la vez sonrojante para la profesión periodística la actitud de algún entrevistador en alguna tertulia radiofónica de cierto programa deportivo antaño, por suerte, líder de audiencia. Mucho menos, exigencia de responsabilidad alguna. Y absolutamente nada acerca de cómo pudiera desarrollarse la presentación de esa candidatura de país para los Juegos Olímpicos de invierno de 2034. Cero acerca de si el Gobierno de España (el Gobierno de todos y para todos) avalará en este caso la misma y contribuirá mediante un papel activo y a la vez vigilante a su buen término.

Más bien al contrario; un silencio atroz, ensordecedor y casi aterrador recorría las tribunas de opinión y las reseñas periodísticas de los diferentes medios de comunicación nacionales, a diferencia de lo que ocurrió en las envenenadas semanas previas a la publicación del citado audio, del que ahora se cumplirá un mes. Nada se había dicho al respecto. Como si el proyecto en cuestión se hubiera esfumado, convertido en algo incómodo, tóxico, algo que estorba y resta más que aporta en los términos antes expuestos… Pero superado el lógico y necesario periodo de luto y sosiego que exigía el momento ante el irrespirable ambiente generado en contra de nuestro territorio y de sus dirigentes, y tras haberse fomentado audazmente su olvido desviando la atención hacia otros lares (que los hay y muchos), nos encontramos con un nuevo giro de guion, una nueva vuelta de tuerca que por evidentemente esperada no tiene que resultar sorprendente.

Y sí, digo evidentemente esperada por cuanto desde hace ya alguna semana corría la noticia en distintos mentideros de la inminente presentación por parte del Gobierno de la Generalitat, al albur de la melancólica, ñoña e idealizada hasta la saciedad de un modo interesado celebración del 30 aniversario del Barcelona ’92, de la candidatura en solitario para los Juegos Olímpicos de Invierno 2030, haciéndola extensiva ya para el 2034. Y una vez presentada, y nuevamente entre bastidores y aunando a personas a las que entre todos hemos contribuido a aupar en organismos internacionales, la fuerza de los hechos consumados podría impedir cualquier posibilidad de enmienda posterior. Viniendo detrás, si queremos participar, nos tendremos que sumar a algo ya construido, pensado y repensado, con grandes posibilidades de éxito por supuesto, y que si no pues nada, que hasta la próxima. A la tercera no irá la vencida.

Convendría estar atentos, trabajar por llevar la iniciativa y no perder el paso si realmente lo que se pretende es liderar, de manera conjunta, la futura candidatura pues lo contrario podría suponer el adiós definitivo al sueño olímpico de nuestro territorio.

Atentos, pues de nada sirve el lamento.

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