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El Periódico de Aragón

Miguel Miranda

Virando a babor

Miguel Miranda

Sueño con la prescripción

Bueno, no sé si es un sueño o una pesadilla, pero es que la prescripción me tiene invadido el inconsciente, y hasta el consciente, diría yo. Perturba mi descanso nocturno y me amarga un poco el vacacional, que ya es decir. La cuestión es que la RAE no me aclara muy bien el término, ese término que veo muy frecuentemente en muchos titulares. Por ejemplo: «La fiscalía demuestra que había delito, pero está prescrito», «La Guardia Civil demostró que se hicieron trampas en dos procesos electorales» pero no se juzgará porque está prescrito. «Había Caja B, pero está prescrito». «Está demostrado que el primer tesorero acumuló dinero procedente de empresarios corruptos pero nunca se juzgó el tema porque estaba prescrito. Y lo mismo con el segundo y con el tercero…». «No se sabe quién es M. Rajoy, y además está prescrito». Y lo del máster de la Cifuentes, también está prescrito». Y lo del hermano de Ayuso, también. Casi todo está prescrito, y lo que no, por los pelos, y ya veremos. Vaya con la prescripción. No lo puedo afirmar, claro, porque habría que hacer un detenido estudio sobre a quiénes y a cuántos beneficia la dichosa prescripción, pero pudiera parecer que siempre beneficia a los mismos. Digo pudiera parecer y no voy más allá porque igual me acusan de algo y seguro que lo mío no prescribiría. Así que mi absoluto respeto al Poder Judicial y quede claro que no insinúo nada. Nada de nada. Ni siquiera una ligera ideologización de los que dictan las sentencias porque ya es curioso que la condena a Griñán y a Chávez venga firmada por tres jueces de una tendencia y los votos particulares sean de otra, una casualidad. Lo de los EREs no estaba prescrito, y me parece muy bien. Han pasado 13 años, pero no les afecta la prescripción. ¡Qué mala suerte! No se llevaron un euro, pero lo del sistema clientelar... Podían firmar todos los partidos un acuerdo para un cambio legislativo de manera que ningún caso de corrupción pudiera prescribir. ¡A qué no, Feijóo!

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