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Joaquín Palacín

El artículo del día

Joaquín Palacín

Ayuso quiere la energía de Aragón

Debemos abogar por otra cultura de la generación eléctrica, renovables sí pero no así

Durante décadas hemos mostrado nuestro rechazo, razonado, contundente y masivo, a cualquier intento de trasvase del Ebro más allá de nuestra cuenca.

Nos opusimos desde los tiempos del lejano franquismo, pasando por los más recientes de Borrell, o los planes trasvasistas, en los tiempos de la mayoría absoluta de Aznar, que a punto estuvieron de hacerse realidad.

Estábamos entonces tan unidos en este país, donde tan difícil es lograrlo, porque comprendíamos, por encima de los diferentes modelos y culturas del agua, el expolio que suponía derivar fuera nuestros propios recursos.

Se llevarían el Ebro, detrás a nuestra gente. Nos quedaríamos sin dignidad, ni compensación alguna.

Los tiempos cambian, pero no tanto. Ahora tenemos una nueva modalidad de trasvase a toda máquina: la energía. Hemos sido un territorio donde se han ubicado proyectos con un fortísimo impacto en el medio, sin obtener a cambio lo que sería justo por esta servidumbre de décadas. Hablamos, por ejemplo, de las centrales hidroeléctricas en el Pirineo aragonés y en otros lugares también en nuestra cuenca del Ebro.

Esa producción se marchaba fuera, sin dejar beneficio alguno en el lugar de origen. La historia se repite en estos momentos con la masiva y desproporcionada implantación de renovables en Aragón, donde solo quieren electricidad a costa de lo que sea, por encima de nuestros paisajes, de nuestro modo de vida tan ligado a la agricultura y ganadería o incluso llevándose por delante nuestra propia opinión.

Somos, en la concepción territorial de quienes detentan las palancas del poder económico, simples espacios vacíos para llenar con sus instalaciones fotovoltaicas y eólicas, destinadas, mayoritariamente, a trasladar la energía producida a los lugares donde son más y con más poder político y económico.

El plan de ahorro, presentado recientemente por el Gobierno de España, ha tenido una lamentable respuesta con un indignante lema: «Madrid no se apaga», donde se resume perfectamente la insolidaridad de quienes se creen con derecho a organizar el mapa político peninsular a su imagen y semejanza, dejando a Aragón como una macrogranja productora de electricidad, destinada a dar servicio a los espacios con mayores concentraciones urbanas.

Madrid produce una ínfima cantidad de la energía que consume y Aragón ya tiene capacidad para generar mucho más de lo que necesita.

Más allá de las distintas opciones planteadas, más solidarias y sostenibles, como son el fomento del autoconsumo, las comunidades energéticas, una producción más cercana al lugar donde se va a consumir, instaladas en lugares con mayor grado de antropización, para evitar daños irreversibles en la naturaleza, es necesario alzar la voz y la palabra, por una clara cuestión de dignidad, contra estas egoístas palabras de la presidenta madrileña que han dado un paso más allá del vano debate sobre la libertad de tomar cañas...

Ahora estamos hablamos de hipotecar para lustros el futuro de todo un territorio, el nuestro, que no puede seguir siendo sometido de esta manera a las humillaciones verbales, chantajes de poder y egoísmos económicos de quienes piensan que más allá de la M-40 no hay más que gentes y territorios a su libre disposición.

Debemos abogar por otra cultura de la energía, renovables sí pero no así. Es necesario garantizar nuestro derecho a tomar nuestras propias decisiones. Afrontar, en definitiva, otro modo de entender las relaciones de poder, político y económico, para no insistir en los errores de siempre.

Ayuso quiere la energía de Aragón.

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