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El Periódico de Aragón

Editorial

Huesca, fiestas y convivencia

Los oscenses han vivido el comienzo de las fiestas de San Lorenzo como una liberación después de dos años en los que la pandemia del covid ha impedido compartir con vecinos y visitantes la intensidad con la que tradicionalmente la ciudad estalla de júbilo durante la segunda semana de agosto. El lanzamiento del cohete fue un punto de inflexión para la capital, que ya exhibió sus ganas de normalidad durante la visita de los Reyes de España con motivo del desfile de las Fuerzas Armadas, el pasado 28 de mayo.

Las restricciones aplicadas a partir de marzo de 2020, tanto en la ciudad como en la provincia, han golpeado algunos de sus activos más importantes, entre los que figuran el comercio, el turismo y sus estaciones de esquí. De ahí que la celebración de San Lorenzo cobre un significado especial para los oscenses este año, algo que se pudo visibilizar en la plaza de la Catedral donde prácticamente no cabía un alma el pasado día 9. Precisamente, ese espíritu de fiesta, que contagia a quienes se acercan a Huesca, ha de servir para afianzar y apuntalar la convivencia como una de las señas de identidad de la capital altoaragonesa.

Sin embargo, las tres alertas por pinchazos y una denuncia por abuso sexual realizada en un Punto Violeta durante el primer día de fiestas alejan a Huesca de ser el paradigma de lo que siempre ha representado. Los tres pinchazos han sido ya verificados en el hospital San Jorge, donde han tomado muestras a las víctimas y se está a la espera del resultado de los análisis para saber si se ha introducido alguna sustancia química, detalló la delegada del Gobierno en Aragón, Rosa Serrano. Los hechos llevaron a activar el protocolo ante posibles pinchazos en el marco del dispositivo de seguridad de las celebraciones de la capital oscense y ya están siendo investigados con el fin de determinar «doble investigación» para saber si detrás de esa acción hay intención de otro tipo de delito o si el pinchazo responde a una agresión de carácter machista. Sea como fuere, estas acciones empañan cualquier tipo de celebración y constituyen un mal comienzo de lo que debería ser un ambiente festivo.

Los pinchazos deben ser considerados como un acto de violencia, independientemente de si estos llevan implícita o no la sumisión química. Quienes atentan contra las mujeres a través de este tipo de acciones, lo hacen también contra su libertad y la de todos, algo sagrado en cualquier sociedad. La de Huesca ha de dar ejemplo en este sentido, no solo persiguiendo estas conductas sino también mostrando su rechazo a estas. El objetivo es que San Lorenzo se convierta en el epicentro de la convivencia porque, en definitiva, la normalidad es eso.

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