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Javier Fernández

No olvidemos la guerra

Dentro de poco se cumplirán seis meses de la invasión de Ucrania por orden del presidente ruso

Estamos en pleno verano y muchas personas estarán disfrutando de sus vacaciones. El calor, el no tener que trabajar, todo parece apuntar a dejarnos ir, a estar, puede que incluso pensar resulte pesado. Escribir en pleno agosto sobre la guerra parecerá a ciertas personas obsceno. Lo siento.

Dentro de poco se cumplirán seis meses de la invasión de Ucrania por orden del presidente ruso, Vladímir Putin. Los primeros días todos los medios de comunicación desplegaron sus mejores galas para informarnos del minuto y resultado del conflicto. Hoy, como pasa siempre, la urgencia informativa nos lleva por otros derroteros y poco a poco vamos relegando a lugares menos llamativos de nuestros telediarios el drama que se está viviendo en Ucrania. Y no debería ser así. Lo urgente suele ser enemigo de lo importante. Un partido de fútbol amistoso de pretemporada no puede ser más importante que la muerte de personas asesinadas por la voluntad de un sátrapa.

Lo primero, lo que no debemos olvidar es que esta guerra nace de una invasión. Hay, por tanto, invasores e invadidos, víctimas y verdugos.

Una guerra suele sacar lo peor de muchas personas. Y se cometen crímenes de guerra. Siempre es así. Y no todos los cometen los rusos. Todos los rusos no son malos y todos los ucranianos no son buenos. Barbaridades, crímenes, los cometen personas integradas en los dos bandos. Y hay que decirlo. Simplificar la guerra en buenos, los invadidos, y malos, los invasores, no es contar la verdad. En el inicio, sí, los invasores son los culpables, pero en el desarrollo, no.

Toda guerra es una barbaridad. Personas matando a personas por ideología, por la gloria, por intereses económicos, por ambiciones estratégicas, por la locura imperialista de un individuo al que lo mejor que le deberíamos desear es que le diese un infarto fulminante.

¿Y las potencias occidentales? ¿Todo lo que están haciendo es decente? Pues no. En principio su decisión de ponerse al lado de Ucrania fue acertada. Una vez más hay que repetirlo, ante víctimas y verdugos hay que ponerse del lado de las víctimas. Pero ya han pasado casi seis meses y lo afortunado de la primera decisión no sirve para exculpar a los dirigentes del mundo occidental, el nuestro, de las sucesivas decisiones que van tomando. Como no dispongo de todo el espacio preciso, voy solo a citar una de esas lamentables decisiones: Italia. Han dejado caer un gobierno razonable, que estaba en línea con la mayoría de la Unión Europea, y han convocado elecciones. Las encuestas apuntan a que la ultraderechista Hermanos de Italia podría vencer. Lo más suave que se me ocurre es preguntar: ¿se han vuelto locos? Y como estoy hablando de guerra no estará de más recordar que tres importantes partidos italianos tienen relaciones obscenas con Vladímir Putin.

Sigamos con la guerra, con una, con todas. El presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, a finales del pasado mes de julio ha realizado una visita a varios países de los Balcanes, cinco en concreto, cuatro de la antigua Yugoslavia y Albania. En esta zona se vivió una terrible guerra, varias en realidad, entre 1991 y 2001 con un resultado estimado de 150.000 muertos. ¡Qué barbaridad! Y nosotros, desde nuestra confortable realidad vemos los muertos que van cayendo en Ucrania y asimilamos estas cifras con toda naturalidad.

A algunos, tal vez muchos, españoles la guerra en el este de Europa ya les pille muy lejos. La inflación, el alza de los precios, el miedo al frío en invierno, son preocupaciones que vemos más próximas. Para empujar un poco a la reflexión voy a plantear lo siguiente: pongámonos en la piel de cualquier ciudadano de esos países que ha visitado nuestro presidente. Una de sus primeras aspiraciones es formar parte de la Unión Europea, algo que nosotros ya tenemos. Tuvieron sus guerras, sus muertos, y hoy quieren parecerse a nosotros. Esa integración, ¿les ayudará a superar sus odios? Sí, sin duda. Pensemos en ellos, son personas como nosotros, que también tuvimos nuestra guerra y que no está tan lejos.

Para finalizar estas reflexiones veraniegas sobre las guerras. Una petición, presionemos a nuestros gobernantes en favor de la paz. Parece imposible pero no lo es, Putin podría aceptar una cierta paz y a Ucrania le vendría muy bien. Por supuesto sin que ninguno de los dos consiga todos sus objetivos, eso es imposible. Que los líderes de la Unión Europea trabajen por la paz. Empujemos en esa dirección.

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