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Javier Fernández

EL ARTÍCULO DEL DÍA

Javier Fernández López

40 años de Estatuto de Autonomía

Es importante utilizar los instrumentos que día a día mejoran las condiciones de vida de los ciudadanos

El jueves 8 de septiembre la Asociación Aragonesa de Escritores organizó un acto conmemorativo de los cuarenta años de nuestro Estatuto. La fecha elegida lo fue por simple proximidad ya que el 10 de agosto, fecha en la que entró en vigor, no hubiese sido fácil atraer a asistentes. Lugar: el magnífico edificio de Caja Rural de Aragón, en el Salón de Columnas.

Una asociación como esta tiene entre sus socios a personas de las más diversas profesiones y que a lo largo de su vida han participado en actividades muy plurales. Y al hablar del Estatuto nos encontramos con personas que tuvieron un cierto, mucho, protagonismo en su elaboración, motivo por el que el acto lo protagonizaron Adolfo Burriel Borque y José Luis Merino Hernández. Como planteamiento para los ponentes quisimos poner de relieve el hecho de que uno de ellos se encontraba entonces activo en un partido, el PCE, que venía del antifranquismo más beligerante, y el otro en UCD, ese invento magnífico que aglutinó a bastantes personas provenientes del franquismo, los moderados. Comunistas y ucedistas, partidarios de la ruptura y de la reforma. Como planteamiento de inicio, muy atractivo.

Si nos fijamos en el resultado final, la fórmula de la ruptura a través de la reforma, tiene que ser estudiada en dos campos diferentes, el fondo, los artículos, y la forma, el proceso hasta llegar a ese punto final. Si solo nos fijáramos en el texto, no entenderíamos nada. Un documento jurídico puede ser elaborado por un grupo de expertos, profesores, por ejemplo, pero no tendría alma. Y las personas necesitamos soñar, por lo que el camino a recorrer fue tan importante, y en él los ciudadanos anónimos jugaron un papel muy destacado.

Precisamente en ese dilatado recorrido se fijaron especialmente los intervinientes. Camino largo y complicado, mucho. Y con múltiples protagonistas, algunos muy conocidos y otros anónimos. Interesante recordar, como se hizo esa tarde, a los muchos concejales y alcaldes que dieron su opinión y su voto para comenzar la andadura. Y las tensiones entre partidos, algo lógico, pero de más trascendencia lo que ocurrió dentro de los mismos, en UCD especialmente, con disputas entre compañeros aragoneses y, sobre todo, con los responsables en despachos madrileños.

Todo lo que se dijo en ese acto me resultó interesante e invito a quienes no pudieron asistir a que lo vean a través de esas fórmulas hoy tan utilizadas de «páginas web», o Youtube, donde ha quedado todo registrado para quien quiera visionarlo.

A mí, en un artículo como este, me gustaría poner el acento en cuestiones relacionadas con el Estatuto pero más concretamente del texto con la realidad actual. El próximo año se celebrarán elecciones autonómicas, de conformidad con lo regulado en la constitución y en el Estatuto. Algunas comunidades autónomas tienen la capacidad de fijar de forma independiente las fechas de esas elecciones y las demás no, entre las que está Aragón. Y ese detalle, con otros, lleva a algunas personas a recuperar el tono victimista ya que, afirman, somos una comunidad con un Estatuto de segunda. Yo no estoy de acuerdo, en absoluto, pero no quiero entrar en ese debate.

Lo que me interesa destacar es que, tenemos esas elecciones y de conformidad con las mismas elegimos un parlamento y de él nace un gobierno. Y podemos volver a recordar la grandeza del Aragón medieval, pero eso solo nos lleva a la melancolía. Lo importante es que sepamos utilizar esos instrumentos y que poco a poco, año a año, vayamos mejorando las condiciones de vida de los aragoneses. Lo que está ocurriendo, y esa no es una opinión, lo dicen los datos. Quien quiera comprobarlo solo tiene que acudir a organismos que ofrecen estadísticas y estudiándolas detenidamente vemos cómo hemos avanzado y cómo lo hacemos ahora y lo hacen otros, aparentemente con estatutos mejores.

El modelo, es evidente, funciona. Y eso choca con las declaraciones que escuchamos un día sí y otro también a las personas que están en primera línea política. No solo hay descalificaciones entre los aragoneses, también las que se dirigen desde aquí a los nacionales. Y la pregunta, enlazando con el comienzo de este artículo, es evidente: si hace nada menos que cuarenta años, en condiciones mucho más complicadas, fuimos capaces de ponernos de acuerdo y aprobar un Estatuto que hoy, tantos años después, sigue funcionando, ¿qué pasa ahora?

Hay días en los que parece que el conflicto es inmediato y que todo se va a romper. ¿No podríamos hacer de la política una actividad más aburrida? Si no saben cómo hacerlo yo les recomendaría que echasen un vistazo a la página web de nuestra asociación y escuchasen todo lo que se afirmó y cómo lo dijeron en el acto del que estoy escribiendo.

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