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El Periódico de Aragón

Alfonso Alegre

APUNTES AL MARGEN

Alfonso Alegre

Yo, con Cubero

El pasado jueves se juzgó al concejal Alberto Cubero. El motivo del juicio fue una querella de Vox contra el edil, por delitos de odio y, ojo al dato, apología del comunismo. Empecemos por lo segundo. En el Código Penal no aparece la palabra comunismo. Pero más allá de eso, ¿en una democracia, tiene sentido juzgar a alguien por hacer apología de lo que sea? Hay quien argumenta que el comunismo causó muchos muertos y por tanto cabría juzgarlo. Más allá de lo absurdo de ese razonamiento, si hablamos de muertos, el cristianismo le gana al comunismo por goleada (brujas, cruzadas, pogromos, inquisición, guerras de religión y un largo etc.). Si alguien denunciara a un cura por apología del cristianismo, ¿creen que algún juez lo admitiría a trámite? Y hablando de cristianos, si hay alguna ideología que no tenga muertos a sus espaldas, que tire la primera piedra. La libertad de expresión implica que los de Vox tienen que oír a Cubero y yo tengo que oír a Rafael Hernando diciendo «algunos se han acordado de sus muertos cuando había subvenciones».

En cuanto al delito de odio, la cosa tiene su guasa cuando el que denuncia es Vox. Esta formación política cuenta en sus filas con antiguos cabezas rapadas condenados por diversas agresiones, ya saben: negros, moros, progres, homosexuales, etc. En todo caso, y centrándonos en la querella, el motivo de la misma (además de la mentada apología del comunismo) fueron unas declaraciones en una comisión del ayuntamiento. Allí el concejal dijo: «Ojalá les pase lo que les pasó en Vallecas en toda España». Se refería a una manifestación en contra del partido ultraderechista en ese conocido barrio obrero del sur de Madrid.

Resulta que el juez que investigaba los incidentes ocurridos en Vallecas a los que Cubero hacía mención, concluyó el pasado mes de julio que allí no se cometió delito alguno, y por tanto archivó el caso. Si la manifestación no fue un delito, ¿cómo puede serlo hablar sobre ello?

Aunque a Alberto Cubero debo reconocerle la habilidad de la notoriedad y la repercusión mediática, no soy ningún fan. No me gustó que llamase carapolla al alcalde de Madrid. Además, me siento distante del marxismo-leninismo que él defiende. Sin embargo, como demócrata, solo puedo calificar de atropello que le hayan juzgado por esas declaraciones. Por eso: yo, con Cubero.

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