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El Periódico de Aragón

TERCERA PÁGINA

Hartos de puñetas

Algunos jueces se niegan a cumplir la norma para las sustituciones dentro del órgano al que pertenecen

Algunos jueces, los de puñetas más finas y lustrosas, al parecer se niegan a cumplir la norma que tienen obligado cumplir para las sustituciones dentro del órgano del que forman parte. Porque tienen su propio órgano, claro. El órgano de los Jueces; y no es como cualquier órgano del común; el órgano de los Jueces lleva mayúscula, porque es mayúsculo, no como el nuestro, que nos viene todo en minúsculas. Acaso por eso, los susodichos llevan así varios años porque, dicen, los partidos no se ponen de acuerdo en elegir sus candidatos, así que ellos, los susodichos, tampoco eligen a los que les toca elegir, porque no se les acaba de acomodar el órgano a su gusto; si no es como dicen ellos, un decir, no les pasa por el órgano permitir que se forme el órgano.

¿Y qué, pasa algo?; no señora, no pasa nada. De hecho no notamos nada raro, y menos aún entre los siervos de la gleba, a los que nos vamos pareciendo tanto. Con que vengan días y caigan ollas, como dijo el gordo Panza, ese modelo egregio y existencial de la mesocracia española y olé (Al Quijote lo pintó loco el bueno de Cervantes porque quijote, cuerdo y español no se lo creería nadie). Así que sus señorías, (S.S. en adelante) algunas de la cuales tenían que haber sido relevadas ya hace algunos años, ahí siguen y ahí están, viendo pasar el tiempo, como la dichosa puerta del reino.

Viene esto al caso por la penúltima de S.S.: que una partida de ellos, ocho en concreto, se niegan a algo a lo que al parecer no tendrían derecho a negarse. Pero ya digo, no pasa nada. No podemos decir nada, porque ya sabemos la grandísima altura de miras de los más altos dignatarios de la justicia de nuestra ejemplarísima democracia. Ni un asomo de partidismo les aparta de su altísima misión, que acometen sin otro interés que el bien superior de la justicia, ante el que nunca, pero nunca jamás, prevalecen sus intereses particulares. Conque ya sean S.S. de cualquier matiz, sabor o color posible, S.S. no sirven a otro fin que al sacrosanto interés de la justicia, esa que se tapa los ojos para no ver lo que hay que ver.

A todo esto, hay un exministro del Interior (del Interior derecha, por cierto), que según él mismo dejó grabado, puso en marcha una conspiración dentro del estado con la colaboración de su cuadrilla de subalternos de confianza. Pero tranquilos, que ya hay una Señoría que lleva la causa. Y debe de llevarla bien, porque hace años de la cosa y el ministro aquel, que según parece hablaba con la Virgen María, sigue tan tranquilo –entre misas y rosarios es de creer– dando gracias, sin duda, a la acrisolada independencia de la justicia (la pondremos con minúscula para no pecar de soberbia — ni parecer gilipollas, o sea) y a la laboriosidad y diligencia del juez de marras, que va despacio en la causa, seguramente para no cometer errores de juicio.

Y es que gracias a S.S. y a otras egregias instituciones del reino igual de ejemplares, en España empieza a amanecer cada nuevo día, o sea. Y la Justicia nos amanece con jueces para todos los gustos, colores y pareceres: y puede tocarnos un juez de naranja, un juez de limón o una tónica juez. Eso sí, todos de acrisolada independencia, así que, con ayuda de la fe, qué puede ir mal en el reino. Pues eso.

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