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El Periódico de Aragón

Editorial

La lucha contra el olvido

Se celebra este miércoles el Día Mundial del Alzhéimer, una conmemoración dedicada a la lucha contra una enfermedad identificada hace unos 120 años pero que aún, hoy por hoy, no tiene cura. La problemática que genera el alzhéimer va en aumento de manera progresiva. La Sociedad Española de Neurología (SEN) calcula que en la actualidad la cifra total de enfermos en España es de unos 800.000, aunque es cierto que las fronteras entre esta enfermedad y otras demencias no están claras y la cantidad de casos podría ser más elevada, teniendo en cuenta que se diagnostican 40.000 nuevos cada año y que se calcula que entre un 30% y un 40% del total están sin diagnosticar. El día mundial, pues, se centra en la lucha cada vez más eficiente para obtener diagnósticos precoces que permitan una mayor calidad de vida, con tratamientos farmacológicos o de otro tipo que ralenticen el deterioro cognitivo y procuren un aumento de las posibilidades de investigación; la propia dinámica investigadora, enfocada en la identificación de genes que permitan diseñar una medicina de precisión; la prevención de los factores de riesgo y el cambio de estilos de vida; y no menos importante, la atención a los familiares y a las cargas, psicológicas y económicas, a las que deben hacer frente ante una enfermedad tan devastadora.

Tanto los enfermos como las asociaciones implicadas en el día a día del alzhéimer o las entidades que se esfuerzan en promover la investigación coinciden en la absoluta necesidad de reclamar una mayor atención de las administraciones, tanto desde el punto de vista financiero como asistencial. Cada familia representa una angustia íntima y, al mismo tiempo, un gasto que la SEN calcula en unos 31.000 euros anuales.

La Fundación Pascual Maragall, que lidera, con el Barcelona Beta Brain Research Center (BBRC) y el Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM), buena parte de los trabajos científicos, advierte que el alzhéimer y las demencias neurológicas han de ser una prioridad estratégica de los gobiernos y que las reivindicaciones, compartidas por otros colectivos, han de centrarse en reconocer la enfermedad como una pandemia estructural, en activar más mecanismos para la innovación y la transferencia de la investigación, y en revisar, dotar de presupuesto y poner en marcha un plan integral del alzhéimer y otras demencias, con financiación adecuada y voluntad explícita de llevarlo a cabo.

Si bien es cierto que no hay alternativas frente a la enfermedad ya desarrollada, también lo es que, en los últimos años, la detección precoz ha dado pasos muy importantes, como ha ocurrido recientemente con el estudio que identifica biomarcadores en sangre para captar los primeros indicios del deterioro neuronal en personas sanas. Un simple análisis sanguíneo –todavía no implantado en la práctica clínica– podrá determinar la posibilidad de desarrollar la enfermedad años antes de los primeros síntomas. Avances significativos que van en la línea, hoy por hoy utópica, de un futuro sin alzhéimer o, por lo menos, con una vida más digna para aquellos que lo padezcan.

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