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Nicolás Espada

En busca de un paraíso

España vive una lucha sin cuartel entre comunidades autónomas. Ahora se ha puesto de manifiesto por la pugna fiscal, pero existe en otros muchos ámbitos. Y es bueno porque beneficia a los ciudadanos entre los que se generan unas expectativas para ir avanzando

Ahora que estamos celebrando el 40 aniversario del Estatuto de Autonomía de Aragón, vemos cómo nuestro territorio ha avanzado mucho gracias al autogobierno. Está muy claro que la gran mayoría de las inversiones realizadas, de los impulsos dados en muchos sectores económicos, sociales y culturales han servido para elevar el listón de Aragón. Y lo mismo han hecho otras comunidades. Cada uno de los gobiernos autonómicos debe administrar de la mejor manera su territorio para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos y deberá tomar decisiones que redunden en su progreso, tanto en lo social como en lo económico o cultural. Eso está provocando en los últimos tiempos una lucha sin cuartel entre comunidades, una carrera por la competencia que estos últimos días se ha puesto de manifiesto en la subasta fiscal. Esto tiene un ingrediente electoral lógico, pero hay otras muchas pugnas con intereses puramente autonómicos: conseguir sedes en ese proceso de descentralización abierto por Moncloa, atraer empresas, tener universidades o incluso aeropuertos, pero también tener más vacunas, mejores sueldos de profesores o para el personal sanitario. Las autonomías, con capacidad de gestión y de generar leyes, deben competir unas con otras para desarrollarse y para ello elaboran normas para iniciar las vías que cada una de ellas crea oportunas para conseguir su desarrollo. Y eso es positivo.

Esta competencia, derivada de la libertad de acción de cada una puede generar, y de hecho es así, fricciones entre ellas, pero esto no es malo para el ciudadano. Al contrario, se generan una serie de expectativas que pueden beneficiar tanto a las personas que pertenecen a aquella autonomía, como a otras que prefieran ubicarse en el lugar que más les convenga en función de sus intereses o bien de sus proyectos de futuro. La fábrica de baterías de coches es un caso bien elocuente. Ha habido una puja entre fabricantes por ver en qué lugar de España se construye esta industria. Aragón entró en la subasta pero perdió, aunque dicen los políticos que todavía hay posibilidades de que llegue una fábrica a Aragón. Que siga la puja, que es bueno. Lo mismo está pasando con la descentralización que auspicia el Gobierno PSOE-Unidas Podemos. La Agencia Espacial Española, a la que opta Teruel, la de Salud Pública, que quiere tener su sede en Zaragoza, la de Inteligencia Artificial... una carrera de muchas autonomías para conseguir tener algo que refuerza a la comunidad elegida. Pero esto ha ocurrido siempre. Cuando Inditex llegó a Plaza, en Zaragoza, el Gobierno de Aragón ya se lo robó a los catalanes porque allí estaba casi decidido que fuera el almacén.

Se habla mucho de la globalización en estos tiempos y se dice que da igual que la sede de una empresa este en un país o en otro, en una ciudad o en otra, pero la mayoría de los ciudadanos desean tener en su territorio todo aquello que dé peso y genere una buena economía y les gusta tener una administración cercana al lugar donde reside. Aragón y el resto del país conformaron hace ya más de 40 años una España descentralizada y ahora, la mayoría de los españoles no es que la refrenden, sino que apoyan a sus comunidades para que tengan una u otra inversión y puedan decidir por sí mismas si suben o bajan los impuestos que recaudan. Y no están por modificar esta estructura que no es más que un Estado federal, aunque lo llamemos autonómico. España ha funcionado y debe seguir así.

Por ello, la competencia generada entre autonomías en busca del paraíso de todas ellas, es positiva y debe defenderse como con el resto de derechos de la Constitución. Es una acción de libertad. Sin ninguna duda, según el partido que esté al frente del Gobierno que gestione la comunidad autónoma podrá salir beneficiada o perjudicada. Unas veces se gana y otras se pierde. Y ahí está la habilidad de los gobernantes y sus asesores. En los últimos meses, Aragón ha conseguido atraer muchas empresas y se dice que están en camino nuevas inversiones. También se han perdido otras. Pero la pugna debe continuar. Si esto sigue así, el ciudadano será objeto de deseo y el Gobierno autonómico que mejor administre y mejor venda su territorio, será el que aglutine mayores expectativas

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