Opinión | EL ARTÍCULO DEL DÍA

Las mujeres y los ayatolás

El mundo entero está viendo en directo las protestas callejeras de las iraníes en diferentes ciudades

La importancia de estas protestas que se están produciendo estos días en Irán es que están siendo protagonizadas mayoritariamente por mujeres. Definitivamente, ha cambiado el protagonismo de la noticia. Es muy posible que aquella frase que en España se podía oír hace algunas décadas: «la revolución será de las mujeres, o no será» pueda ser una realidad en Irán. Por primera vez se ha podido sentir claramente que la liberación de las mujeres está íntimamente ligada a la liberación de la población, a la libertad.

Estos terribles sucesos han hecho que recuerde mi viaje a Teherán en las Navidades de 2002, cuando el código de la vestimenta era muy estricto. En diciembre, las cumbres próximas a la capital estaban nevadas, por lo que el abrigo negro (mantó) y el pañuelo en la cabeza (shador) no sobraban. Aprendí a ponérmelo de una forma en la que no se viera nada del pelo, porque si se deslizaba, la policía moral, siempre irreconocible, se acercaba rápidamente a llamar la atención de una forma amenazadora y desafiante. La liberación que yo sentía cuando, al llegar al hotel, me quitaba toda esa vestimenta debe ser una mínima parte de la liberación que las mujeres iraníes están buscando conseguir, a pesar de que el precio sea muy alto. Recuerdo que, en una cafetería poco oficial, una joven me confesó, en un perfecto inglés: «no se puede vivir así, sin libertad. Irán es una olla a presión y los ayatolás están subiendo la temperatura hasta un límite insostenible». Se necesitaron 15 años (hasta 2017) para quitarse el shador y ondearlo al viento como expresión de protesta. Hoy, esta necesidad se ha verbalizado en el principal eslogan del movimiento de liberación de las mujeres: Mujer, Vida y Libertad.

Las protestas de este otoño, 20 años después (2022) han sido, con toda seguridad, las más fuertes y virulentas de la República Islámica. Van más allá del uso de hiyab o el shador, también son las que han soportado mayor violencia en su represión, resultando decenas de muertos, donde el feminicidio de Mahsa Amini ha sido el fulminante que ha catapultado la lucha por la libertad de las mujeres y de todos los ciudadanos, porque ya no se trataba solo de llevar el shador, sino llevarlo bien puesto, tal como establece la norma moral. El movimiento está rebelándose contra el autoritarismo islámico, que es compartido por una buena parte de la sociedad iraní, que aúna todos los estratos sociales y económicos.

Es cierto que las mujeres en Irán siempre han tenido un cierto protagonismo, y no me refiero solamente a la abogada Shirin Ebadi, que recibió el Premio Nobel de la Paz, en 2003, sino a otras muchas que, aunque con un papel secundario, a veces, e invisible, otras, habían tomado parte en la Revolución Constitucional de Irán de 1906-11; habían participado activamente en la Revolución de 1979 y durante las últimas cuatro décadas han seguido luchando de diferentes formas. Las protestas de 2022 están poniendo de manifiesto la necesidad del cambio del régimen político, que termine con el autoritarismo islámico que cuenta con un poderoso sistema de seguridad, que resuena con el autoritarismo de los países de su entorno próximo, desde Iraq a Turkmenistán, Pakistán o Afganistán.

Si todas las grandes revoluciones han tenido su himno (La Marsellesa, La Internacional, etc.), en esta revolución iraní se puede escuchar la bellísima canción de protesta titulada Baraye, que en farsí significa «Por o para…» de Shervin Hajipour, un joven que pide dulcemente una vida en libertad para las mujeres, los niños y para todos los ciudadanos. La canción está siendo absolutamente viral y su texto reclama cosas tales como: para poder bailar en las calles, por perder el miedo a besarse, por curar las mentes enfermas, por la vergüenza del trabajo infantil, por liberar los talentos encarcelados, por los niños afganos refugiados, por acabar con una economía dictatorial, y en síntesis, para tener una vida normal y normalizada.

Han aparecido dos matices importantes en esta revolución, y es que la canción pide la libertad de una forma muy suave y melancólica, y por primera vez en la historia reciente iraní, una gran cantidad de artistas y productores culturales que residen en Irán, donde trabajan, se han atrevido a manifestar su solidaridad con las protestas, expresando su deseo de no ser observadores silenciosos, lo que sin duda va a generar un gran impacto en el arte iraní, que tampoco sucedía hasta ahora... Seguro que la joven con la que hablé, habrá sido parte activa en esta rebelión.

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