Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | TERCERA PÁGINA

¡Ay de los vencidos!

No acabamos de reconocer que lo que queremos ya, nunca se va a dar del todo

Estás acabando de subir el primer tramo de la escalera principal del edificio Pignatelli; la que se diseñó originalmente, allá por los años 80 del siglo pasado, para dar acceso al público a los despachos del nuevo poder autonómico. Una vaca que antes pastaba apacible en medio de un paisaje nocturno de ruinas clásicas vuelve la cabeza y te dirige esa mirada amiplín que caracteriza a los bóvidos. Suspendido en el espacio tiempo El hombre que fumaba ideales, una magnífica obra de Jorge Gay, te da la bienvenida a la sede del Gobierno de Aragón.

Estás subiendo el último tramo del camino para solicitar la intervención en el asunto que llevas entre manos y pronto te das cuenta de que la mirada de esa vaca no es la única que te observa atentamente. Varios personajes te miran con descaro o de soslayo. Me interesan dos.

Con el ademán desenfadado, un obrero que parece sacado de Il quarto stato, ese cuadro que tantos colgamos en nuestros dormitorios juveniles hace varias décadas, descansa su codo derecho sobre algo que no se ve mientras fuma un pitillo de Ideales. Por la pose parece que haya renunciado a seguir marchando sin fin hacia ese futuro tantas veces reclamado y tantas veces retrasado.

Al otro lado, un anciano pintor que te mira de refilón sentado en una butaca sigue con su tarea pese a todo; tal vez siga empeñado en su oficio por muchas veces que se haya fumado los sueños a lo largo de su vida.

El paisaje ruinoso está en paz. Sobre la cabeza de la vaca se ven los ajados pies de una gran estatua de corte clásico. Justo debajo una inscripción que me inquieta cada vez que la leo: Vae Victis. ¡Ay de los vencidos!

Que, en los años 80 del año pasado, el primer Gobierno de Aragón, presidido por Santiago Marraco, en el marco de la restauración del Pignatelli para sede del ejecutivo autonómico, adquiriera ese cuadro para ese lugar toma hoy un especial significado. Celebramos el cuarenta aniversario de nuestro Estatuto y me ha parecido que para rememorarlo merecía la pena dialogar con esta imagen, precisamente de esa época, y analizar qué podemos aprender para nuestro futuro.

Los que podemos mirar hacia atrás y recordar lo que han sido estas cuatro décadas, lo que se esperaba de ellas y lo que hoy tenemos en las manos, tendremos que reconocer y constatar que es mucho más de lo que en lo más íntimo esperábamos y muchas veces estamos dispuestos a reconocer. Es verdad que no pocos vieron el inicio de ese discurrir con cautela o sencillamente decepción. Lo que queríamos ya no se dio de inmediato, pero el resultado tras cuatro décadas no deja de ser espectacular por más que nos siga pasando que no estamos donde queríamos estar. Lo que creo que nos sucede es que no acabamos de reconocer que lo que queremos ya, nunca se va a dar del todo. En esa ambición por lo por venir, nos perdemos los disfrutes y mejoras del presente y del pasado inmediato.

Algo de esto quiero leer en la obra de Gay. Seguimos trabajando sobre los restos de nuestros sueños, seguimos diseñando un futuro desde la aparente ruina de nuestros ideales. A la luz de esta brillante pintura se me ocurre que, tras todos estos años de proceso autonómico, que en nuestro país viene a coincidir casi plenamente con el democrático, son varias las enseñanzas que se pueden extraer:

Que los ideales son siempre referenciales, un concepto que ilumina el camino pero que nunca se alcanza del todo.

Que, tanto en nuestro proceso vital como en la trayectoria de la historia, tenemos que aceptar que muchos de nuestros ideales se esfuman; unos por irreales, otros por imposibles, otros por aceptación de la realidad, otros simplemente porque no han conseguido ser mayoritarios.

Que si algo tiene que asumir un demócrata es que tarde o temprano será vencido, que una parte de los impulsos y proyectos fracasarán, que otros vendrán que caminarán en otra dirección, pero que, al mismo tiempo e indisociablemente, nunca estás vencido del todo, que en un marco democrático siempre puedes volver a empezar y a replantear tu ambicionado futuro porque la historia no se acaba nunca y los objetivos nunca se acaban de conseguir plenamente.

Desde esta perspectiva el ideal democrático nunca nos lo podremos acabar de fumar del todo y siempre deberemos seguir intentando pintar una convivencia más perfecta.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents