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Editorial

La guerra refuerza la OTAN

La Asamblea Parlamentaria de la OTAN, reunida este fin de semana en Madrid, ha permitido comprobar de nuevo el apoyo sin fisuras de la Alianza Atlántica a Ucrania, frente a la agresión de Rusia. En su intervención, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha resumido el sentir general de la Asamblea al pedir que Putin «deje en paz» a este país, en línea con el secretario general de la organización transatlántica, Jens Stoltenberg, quien ha advertido de que la guerra puede ser larga y que el apoyo al Gobierno de Kiev debe ser sostenido y resiliente. El hecho de que esta Asamblea Parlamentaria –un foro de debate independiente, integrado por diputados y senadores de los 29 países miembros de la OTAN y de otros 15 países asociados–, haya aplaudido una dura intervención del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, calificando de terrorista al líder ruso Vladímir Putin, y pidiendo el ingreso en la UE y la OTAN, confirma el impacto que tiene la guerra de Ucrania en las discusiones sobre el futuro de la Alianza. Sin embargo, a la vista de las resoluciones adoptadas, vuelve a ponerse de manifiesto que no resulta fácil combinar la firmeza en la defensa de Ucrania con la búsqueda de salidas a una guerra que alimenta una crisis económica planetaria y que puede derivar en un conflicto más amplio, o en una catástrofe regional si se ven afectadas centrales nucleares como la de Zaporiyia.

Como es habitual en sus sesiones, la Asamblea Parlamentaria ha tratado temas que van más allá de cuanto sucede en la frontera oriental de la Unión Europea. No obstante, por mucho que se hayan abordado cuestiones como el impacto que el cambio climático o los movimientos migratorios descontrolados pueden tener sobre la seguridad colectiva, la problemática de la ciberseguridad, lo cierto es que la invasión rusa ha dominado los debates y las resoluciones adoptadas, como la más destacada, que critica acertadamente «la guerra injustificada contra Ucrania» y denuncia «los horribles crímenes de guerra por los que Rusia tendrá que rendir cuenta».

La Asamblea ha permitido constatar que la guerra de Ucrania ha provocado, no solo un renovado interés por pertenecer a la Alianza de países habitualmente neutrales como Suecia y Finlandia, que serán probablemente admitidos en la próxima cumbre de Vilnius (Lituania), el próximo año, sino una aceleración en la implementación del nuevo concepto estratégico adoptado por la OTAN en la reciente cumbre de Madrid. Efectivamente, los debates y las resoluciones de la Asamblea han estado presididos por la idea de dar prioridad a la disuasión y a la defensa para hacer frente a agresiones como la de Rusia, o las que podrían producirse en otros lugares, singularmente en la región del Indo-Pacífico. En ese sentido, la Asamblea ha aprobado una detallada resolución que urge a implementar la nueva estrategia de la OTAN con las importantes y poco debatidas implicaciones que ello va a tener. El despliegue de brigadas en el flanco oriental, el rearme de Alemania, y la prioridad a las guerras híbridas, espaciales o cibernéticas, y a las armas hipersónicas, como las que ha usado Rusia en Ucrania, en detrimento del flanco sur, la gestión de las crisis y la contrainsurgencia. Todo ello, con el consiguiente aumento de los presupuestos de defensa, hasta un 2% del PIB, cifra que no supone un techo sino un punto de partida, según preció Stoltenberg en su intervención..

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