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Carmen Bandrés

SEDIMENTOS

Carmen Bandrés

Tráfico peligroso

El asfalto puede ser letal; en los últimos días lo está siendo con una contundencia abrumadora, tanto en las carreteras como en el ámbito ciudadano. Sucesos dramáticos para los desolados familiares y amigos de las víctimas atropelladas, sobre todo si la vida truncada corresponde a un adolescente, pero también para los conductores causantes, sea con responsabilidad en el accidente o sin ella. No se trata de una fría estadística, informando sobre si este año ha crecido o disminuido la cifra de siniestros; son datos escalofriantes, con nombres y apellidos, tras los cuales hay personas cuya existencia ha quedado destrozada en un instante cruel.

Por su propia naturaleza, suele aducirse que un accidente es algo imprevisible, inevitable. De ahí la tendencia a no esforzarnos demasiado por impedirlos. Sin embargo, la paciente implantación de normas de tráfico bien orientadas ha conseguido reducir de forma notoria las muertes en la carretera; otro tanto podría decirse del tráfico urbano, donde las víctimas potenciales más desprotegidas son los peatones, ciclistas y usuarios de VMP. Pero, como siempre, donde en última instancia reside el éxito de cualquier campaña vial es en la formación y responsabilidad de los conductores, con particular hincapié en todo lo que merma su capacidad, como el alcohol, estupefacientes, medicamentos o condicionantes emotivos y psicológicos que puedan conllevar una distracción.

Todo lo cual no exime al peatón del oportuno compromiso en favor de su propia seguridad, así como de su obligación de respetar las normas de tráfico... solo que, demasiadas veces el atropello sucede sobre la acera, en un parque u otros espacios peatonalizados, y el vehículo agresor es un patinete o bicicleta que se lleva por delante a quienes no disponen de suficiente agilidad o suerte para esquivar la embestida.

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