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Miguel Miranda

De sorpresa en sorpresa

Esta semana un admirado diputado por Aragón afirmaba en un tuit que “le resulta aburrida la política de aquellos para los que la política es principalmente espectáculo, pirotecnia y juegos florales para cosechar likes y minutos de video en algún medio digital. Si encima le añades una dosis de matonismo es insoportable”. Estoy de acuerdo y seguro de que el diputado estará de acuerdo conmigo cuando manifiesto mi sorpresa por la acusación a los médicos madrileños de que se estaba politizando el desastre sin paliativos de la gestión sanitaria del PP en Madrid. No hay que politizar nada porque nada es más político que lo común. Y con las cosas del comer y de la atención a la salud pocas bromas.

Confunden lo que es la política de partido con lo que es simplemente político. Y a quien desde un partido se dedica a denigrar lo que hacen los partidos había que pedirle hora en una consulta psiquiátrica porque se lo tendría que hacer mirar. ¿De verdad, lo leo en las redes, los ciudadanos tenemos que aguantar impasiblemente tanta estupidez, tanta violencia en sede municipal o parlamentaria? Se le acusa a Pedro Sánchez de tener ambición en política, como si los demás que se dedican a lo mismo desde que hicieron la primera comunión no la tuvieran. Tienen a Bildu en la boca hasta durmiendo y hace ya cuatros años que tenemos un C.G.P.J. caducado por su irresponsabilidad.

Por fin, oh sorpresa, un juzgado de Madrid llama como testigos a un exconsejero y al firmante del protocolo de la vergüenza que negó el derecho a la asistencia hospitalaria a tantos ancianos a propósito de una residencia, DomusVi Albufera, en la que al parecer, murieron el 96,6 de sus residentes. Ya era hora y ojalá sea solo el principio de muchas otras actuaciones judiciales. En Aragón seguimos sin conocer los datos relativos a los que gestionaron muy bien las residencias y los de quienes lo hicieron peor. Convendría acabar ya con el secretismo si no quieren que empecemos a pensar mal.

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