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Nicolás Espada

El PAR ha perdido el juicio

Año tras año, el Partido Aragonés, una formación clave en el autogobierno de la comunidad, ha ido perdiendo el enganche con la sociedad. Va camino de nada entre los actuales dirigentes, los que aspiran a serlo, los que lo quieren manejar desde fuera y la Justicia.

El Partido Aragonés (PAR), una formación política de más de 40 años de historia, decisivo en la comunidad, atraviesa sus horas más complicadas. Gobernó Aragón en solitario cuatro años (1987-1991, con Hipólito Gómez de las Roces, su fundador) y su adaptabilidad y pragmatismo le ha permitido participar de los gobiernos autonómicos durante 28 años: tres legislaturas con el PP, otras tres con el PSOE y la actual con PSOE, Podemos y CHA. Sin embargo, elección tras elección ha acumulado una pérdida total de confianza de los electores aragoneses por distintas causas y en la actualidad, con la cercanía de unas elecciones autonómicas y municipales (su fuerte) en mayo de 2023, da la sensación que el PAR va camino de nada. Una ruta hacia el abismo que parece codirigida por los actuales dirigentes, los militantes que aspiran a llevar las riendas del partido (aunque algunos de ellos ya llevan muchos años siendo activos en la política aragonesista), todos los que quieren mover los hilos desde fuera del partido y que actúan como un lobi fuerte y poderoso, y ahora una decisión judicial que pone en evidencia una forma muy peculiar de gestionar el partido.

Las nuevas ofertas políticas de los últimos años, su capacidad para estar con la derecha y con la izquierda, la desconexión total con la sociedad aragonesa y la escasa rentabilidad que el partido obtiene en los últimos años por estar en el Gobierno (a pesar de que su presidente, vicepresidente de la DGA y consejero de Industria, Arturo Aliaga, es alabado por empresarios e industriales de Aragón) están precipitando la caída de un partido que acumula una visión de la comunidad conservadora, ruralista y tradicional. Pero hay muchos más intereses. Desde antes de que empezara la pandemia, algunas de las decisiones que se tomaron desde el departamento del PAR del Gobierno regional alertaron a muchos. A gente que está dentro del partido, y a otros que no lo están. Todos juntos han conseguido aglutinar ciertos intereses para debilitar al actual presidente parista. Hay muchos nombres que se relacionan con el sector crítico que llevó a la Justicia el resultado del último congreso y que ahora se ha anulado, según la sentencia. Nombres de expresidentes del PAR como José Ángel Biel y José María Mur, ambos teóricamente jubilados, que dicen haber mantenido muchos contactos con los ahora críticos como Elena Allué (exdirectora de Turismo con Aliaga y muchos años como concejala en Zaragoza y en otros cargos políticos) o Marina Sevilla (que también fue directora general con el líder del partido y ahora participa de las críticas a la dirección actual aunque ya no es militante) o Xavier de Pedro (que presidió la CHE y aspiró a la Alcaldía de Zaragoza). También se habla de conexiones con turolenses comprometidos como el expresidente de Endesa e Ibercaja, Manuel Pizarro, o de algunos de los empresarios aragoneses que triunfan en el negocio de las energías renovables. Todo un auténtico lobi que no se ha sentido muy a gusto con Aliaga en los últimos años.

En toda la caída del PAR, los partidos que han gobernado o lo siguen haciendo con él no se han quedado al margen. Curioso fue ver a muchos populares, incluido su líder, Jorge Azcón, en la presentación del libro Aragonés por elección, un compendio de artículos sobre Gómez de las Roces. Se le vio junto a Mur, Biel y otros, pero no Aliaga. La proximidad del PP a los críticos del PAR, y sobre todo a Elena Allué, ha corrido como la pólvora. Igual que, por contra, en el entorno del presidente Javier Lambán y el PSOE del Pignatelli se intenta hacer piña en favor del vicepresidente del Gobierno. Los socialistas saben que tendrán al PAR de Aliaga de cara si es necesario para formar gobierno tras las elecciones de mayo, mientras que en el PP lo tendrían más fácil si controlaran el partido los críticos.

Para rematar ese abismo al que se acerca el PAR, la sentencia judicial de esta semana abre un sinfín de incógnitas de cara justamente a la confección de las listas electorales del partido porque el tiempo apremia. Pudiera ser el remate final de una formación que perdió la R de regionalista en el año 1990, que fue nacionalista solo unos años y que en la actualidad camina más que en un centro ideológico entre el pragmatismo de estar allí donde haya algo de Aragón.

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