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Alfonso Alegre

Pruebas de acceso

Las pruebas de acceso bien a través de un examen o de un baremo de méritos son muy habituales. Ahí están el MIR, la selectividad, la adjudicación de colegios, el acceso a ciclos formativos de FP o las oposiciones. Básicamente el mecanismo es: el que tiene más puntos tiene más derecho a elegir que el que tiene menos puntos. Sin embargo, hay dos maneras de hacer esto. En la primera tenemos el mecanismo del MIR y la selectividad. Donde primero se conocen los puntos se ordena a los participantes y estos eligen en orden entre las diferentes opciones que van quedando libres. El primero puede elegir todas las opciones (plazas o carreras), el segundo todas menos lo que ha elegido el primero, el tercero todas menos las elegidas por el primero y el segundo y así sucesivamente. De esta forma cada uno elige según su posición y sus preferencias. No puede haber ningún comportamiento estratégico por parte de los participantes, y eso da resultados más justos.

El segundo sistema es el que se usa para adjudicar colegios o para el acceso a la FP. Aquí el mecanismo es ligeramente diferente y sí permite los comportamientos estratégicos. En este sistema primero cada participante elige la opción que más le gusta (un determinado colegio o una determinada FP). Si resulta que en alguna opción hay más personas que plazas, entonces se ordena a los candidatos con los puntos y los que más tienen se quedan con la plaza, los que no obtienen plaza en el destino seleccionado tendrán que rebuscar entre los restos. ¿Cuál es el problema? Imaginemos un chaval con un 7 de media en la ESO que quiere estudiar auxiliar de enfermería, pero sabe que con un 7 lo tiene muy justo para entrar. También le gusta informática, ahí con un 7 seguro que entra. Decide arriesgar y apuesta por auxiliar de enfermería.

Al final la nota de corte de auxiliar de enfermería es de 7,1 y se queda fuera. La de informática es de 4 y también se queda fuera por no haberla puesto en primer lugar. Esto lleva a que la gente no decida exactamente en función de la opción que más les gusta, sino que actúan con comportamiento estratégico. El caso de los padres cuando eligen colegio para sus hijos es paradigmático. Si se adoptara el mecanismo de la selectividad y el MIR tendríamos en FP mejores resultados, habría menos injusticias y menos años perdidos. Y en los coles se respetarían más las ratios y habría menos aulas prefabricadas.

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