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María Gómez y Patiño

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María Gómez y Patiño

Especulación, altruismo y estafa

La fortuna personal del CEO de FTX valorada en 16.000 millones de dólares se evaporó en una semana

Mientras el mundo está presenciando los grandes conflictos internacionales que tienen como centro a Ucrania y Rusia, Etiopía, Afganistán, Estados Unidos y China, Irán, por sí sola o contra Estados Unidos e Israel, Yemen, Israel-Palestina, Haití, Corea o Myanmar, el fenómeno de la especulación es mayor cada vez.

Por otra parte, el covid 19 ha azotado a todo el planeta. Los datos resumen son espeluznantes. Según la Universidad Johns Hopkins, los fallecidos son más de seis millones y los infectados superan los 600 millones de contagiados. Algunos informes de la OMS advierten de la conveniencia de seguir investigando para prevenir las diferentes formas y mutaciones del coronavirus u otras pandemias. Lógicamente, esta prevención pasa por la inversión millonaria para la protección de la salud pública.

Estados Unidos va a la cabeza de esta prevención. De hecho, según informa el Washington Post, Estados Unidos acaba de terminar una campaña para recabar fondos que se dedicarán a la prevención pandémica. A su finalización, la cantidad recaudada ha alcanzado la nada despreciable cifra de 10.000 millones de dólares para asegurar el pago de la investigación en vacunas del coronavirus, en sus diferentes mutaciones y sus tratamientos.

Simultáneamente, el fundador de FTX y Alameda Research (el rey de las criptomonedas NIUS), Samuel Bankman-Fried, de 30 años, y su hermano Gabe, de 27, y miembro del staff del Congreso, anunciaron que la pandemia les había ofrecido una gran oportunidad para hacer algo memorable. Y lo hicieron. Comenzaron un proyecto para invertir miles de millones en la prevención de la pandemia, que también era una prioridad para el capitolio. Sam utilizaba Alameda Research como su propio banco, donde hacía sus préstamos personales, y servía, al mismo tiempo, como brazo comercial para FTX.

Confieso que cuando leí su apellido por primera vez no pude evitar traducirlo (Banquero-Frito) y me produjo una cierta gracia, pero lo cierto es que estos dos hermanos se proponían la adhesión a una corriente filosófica que circula por todo el planeta, conocida como altruismo efectivo, que buscaba optimizar las donaciones filantrópicas en formas de máximo impacto. De hecho, su apellido resulta de la unión de dos apellidos unidos por un guión, una práctica habitual en cualquier universidad, y más del Instituto Tecnológico de Massachusetts, donde se había formado.

De la noche a la mañana, los hermanos comenzaron a hacer contribuciones económicas a una escala escalofriante. Según los datos de un informe del Washington Post, sobre divulgación de lobis, archivos federales y otras fuentes, se descubrió que los hermanos y sus colegas habían gastado, al menos 70 millones desde octubre de 2021, en proyectos de investigación, campañas de donaciones y otras iniciativas para mejorar la bioseguridad y prevenir la próxima pandemia.

Inevitablemente, los hermanos Bankman-Fried fueron comparados a los grandes luchadores por la salud pública como Bill Gates y políticos de oro como George Soros. Otros comentaristas los relacionaron con el caso de fraude de la empresa Theranos fundada por Elisabeth Holmes, quien, erigiéndose como la gran redentora del sistema sanitario, acabó en un escándalo fraudulento, hace unos años.

Inesperadamente, el viernes 11 de noviembre, Sam cesó como CEO y su fortuna personal valorada en 16.000 millones de dólares se evaporó en una semana, lo mismo que sucedió con su persona, que no respondió a ninguna pregunta ni de sus colegas de FTX, ni de los medios de comunicación. Rompió su silencio, siguiendo el más puro estilo Trump, con un hilo de Twitter el martes por la noche, en el que se disculpaba por la falta de solvencia de FTX prometiendo la priorización de compensar a sus clientes. La suspensión de pagos fue un hecho tras la deuda adquirida de 8.000 millones de dólares y la bancarrota, un fraude.

Ante tales cifras astronómicas, algunos hechos son incuestionables, como la volatilidad de las criptomonedas, que están convirtiendo en ricos a grandes especuladores y arruinando a otros, en la misma proporción, arrastrando a cualquier biempensante pequeño inversor al fondo de los mares ante tamaño tsunami financiero.

Podría decirse que, de la especulación, y de la generación de grandes fortunas se puede transitar a lo que se ha venido llamando un altruismo efectivo, y de este a la estafa tecnológica.

El resultado es que los activos de FTX han desaparecido, igual que los estafadores; y los sufridores, como suele suceder, serán los pequeños inversionistas que habrán perdido sus ahorros. Los proyectos de prevención del coronavirus y su tratamiento habrán pasado al olvido y se podrán convertir en una serie de ficción para Netflix, HBO u otras.

A la vista de los acontecimientos, el apellido de SBF (como también se conoce a Sam) ya no me parece divertido, porque efectivamente, el banquero ha frito a miles de personas y su altruismo efectivo se ha convertido en una estafa tecnológica muy eficaz. De la prevención altruista de la pandemia no queda nada. Ha sido una operación en tres pasos: especulación, altruismo y estafa.

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