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Álvaro Sierra

Los tránsfugas y los talentosos

El juego dialéctico en política para defender lo contrario a lo que se defendía es digno de un Oscar. Le sucede a la vicealcaldesa de Zaragoza, Sara Fernández, que deja de sentirse representada por Ciudadanos y ya les cierra la puerta a cualquier futuro. Eso sí, mientras sigue en su puesto cobrando y representando a la ciudadanía porque quien la sitúo ahí debió ser el Espíritu Santo; y no los militantes de Ciudadanos o un tal Albert Rivera. Podemos decir a día de hoy que Sara Fernández sólo se representa a si misma y no a Ciudadanos. Ni mucho menos a los militantes del partido naranja. Y su paso al PP se da por hecho.

Precisamente, en ese espacio donde juega el PP de «captar talento» de otros partidos hay una línea excesivamente delicada: no ser el talento que precisan sino un tránsfuga más. Quizá esté bien visto la intención de captar talento pero las cosas conviene llamarlas por su nombre. El intento de Pablo Casado con Fran Herviás para aniquilar a Ciudadanos desde dentro, fichando a militantes o cargos orgánicos, fue una guerra sucia intolerable. Y ahora, cuando en Ciudadanos solo queda saber quién recogerá las cenizas, esa fuga de cargos políticos es bien vista; cuando debería ser señalado como una huida en busca del mejor postor, o del que más opciones de gobierno pueda darte.

Así lo afirma el Pacto Antitranfugismo. En este texto se entiende que son tránsfugas aquellos representantes que «traicionando» al sujeto político bajo cuyas siglas se presentaron a las elecciones, «hayan abandonado el mismo, hayan sido expulsados o se aparten del criterio fijado por sus órganos competentes». Lo peor es que aún quedan más capítulos: del PAR al PP pasando por Ciudadanos; de Ciudadanos a Teruel Existe; del PP a Vox; o del PSOE a Unidas Podemos o incluso a Chunta.

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