Hay quien define el centro político como un pensamiento biconceptual: gente que piensa de modo conservador en diversos aspectos, y de modo progresista en otros. De esta manera, han ido subsistiendo en España partidos políticos de este tipo cuyo origen y evolución, básicamente, siempre han sido los mismos, salvo el primero, la UCD de Adolfo Suárez, probablemente porque nació en plena transición de la dictadura a la democracia. En España, en los últimos 46 años, estos partidos nacieron, subieron en las urnas como la espuma y bajaron exactamente igual que ella. En Aragón, solo ha aguantado este papel el Partido Aragonés (PAR) que, jugando a derecha e izquierda, ha conseguido gobernar 28 años, pero da la impresión que su tiempo también está acabando. Parece que es la maldición de estos partidos de corte liberal en España.

UCD desapareció de la escena política después de jugar un papel primordial entre Franco y Juan Carlos I. Desapareció de la escena política por desavenencias internas y por la caída del liderazgo de Suárez. A partir de ahí se han intentado numerosas opciones. El propio Suárez creó el Centro Democrático y Social (CDS), con una entrada fulgurante en parlamentos y ayuntamientos, hasta que se evaporó. Luego vino la llamada Operación Roca, el Partido Reformista Democrático de Miquel Roca y Garrigues Walker, que se quedó en mucho ruido y pocas nueces hasta que la exsocialista Rosa Díez creó Unión, Progreso y Democracia (UPD) que fue entrando con mucho ritmo, pero que acabó deshecho y casi sin nadie que lo pudiera cerrar. A la vez, Albert Rivera creaba Ciudadanos, que con mayor presencia, mayor recorrido y más tiempo de duración, va a acabar igual que todos los anteriores. El problema que han tenido todos ha sido el mismo: todos se convirtieron en muleta del PP, bisagra de la derecha e incluso se han integrado en gobiernos de coalición presididos por los populares. En esa evolución hacia la derecha está la clave de su lenta o rápida pero inevitable desaparición. Es cierto que tanto el CDS como Ciudadanos llegaron a acuerdos con el PSOE (en el Ayuntamiento de Zaragoza, el CDS gobernó con el alcalde socialista González Triviño), pero la realidad es que con el paso del tiempo, los dos partidos se han escorado a la derecha e incluso los de Cs intentaron competir por el liderazgo de la derecha. Por lo tanto el problema es esa falta de coherencia política, hasta el punto que el partido naranja ha llegado a gobernar con apoyos externos de Vox.

Pero mientras los partidos centristas nacionales no han sido capaces de definir e identificar qué es el centro político y llenarlo de contenido y de diferencias con la derecha y la izquierda, en Aragón el PAR sí ha sabido mantener esos equilibrios, a veces más por intereses que por convicciones políticas (la mayoría de aragoneses define al PAR como un partido de derechas). Gobernó solo (con apoyos hasta del CDS, a quien le dio la presidencia de las Cortes en 1991), con la derecha más dura, la de Rudi, con el PSOE, y hasta en coalición con Podemos y CHA. Pero da la impresión que el final va a ser igual de abrupto que el del resto de partidos centristas.

Al PAR le está descentrando su edad y la de sus militantes, en primer lugar. Cada vez los jóvenes están más desaparecidos y los que dicen ser el relevo tienen ya mucha carrera política detrás. La proliferación de partidos, primero Ciudadanos, y ahora Teruel Existe, le han arrebatado muchos seguidores, y los intereses caciquiles que siempre han existido en los territorios por donde más se ha movido el PAR, le están machacando enormemente. Y a todo esto se unen las fuerzas que hace el bipartidismo. PP y PSOE empujan para que estos partidos de corte centrista barran para sus feudos, y si eso supone la desaparición de alguno, pues da lo mismo. Por eso, ahora asistimos a un tira y afloja en el que el PSOE está más con un sector del PAR, y el PP, con el otro, porque piensan que así el grupo que sea mayoritario y tenga la dirección del Partido Aragonés se decantará en apoyar a uno o a otro. Un triste y lamentable espectáculo en el que siempre pierde el centro, una opción política que no acaba de encontrar su hueco en España, aunque en Europa siempre ha funcionado.