España es la segunda potencia turística del mundo y ya roza las cifras de visitantes previas a la pandemia tres años después. Durante este maldito trienio, Aragón ha logrado renacer como destino emergente para los turistas, un periodo que también ha servido para mostrar su fortaleza en nichos de negocio como el energético. Pero ¿es compatible este espectacular auge de las renovables con el turismo? ¿Se puede lograr un equilibrio para que estos dos sectores mantengan su impulso sin cercenar el futuro del otro? ¿Las administraciones están trabajando en la dirección correcta para favorecer este escenario? 

Estas preguntan retumban cada vez con más fuerza en la sociedad aragonesa, especialmente en el medio rural donde se ubican grandes proyectos y se prevén levantar decenas de parques eólicos y solares. Aragón y su vasto territorio ofrecen un sinfín de posibilidades, no solo por los activos que atesora (patrimonio, cultura, gastronomía, historia, recursos naturales, viento, sol, agua…) sino también porque sus 47.720 kilómetros cuadrados son el mejor escenario para optimizar inversiones, ya que están en el epicentro de la actividad económica del noreste español, donde se mueve más del 60% de la riqueza nacional y hay casi 25 millones de habitantes a 300 kilómetros a la redonda.

En principio, la amenaza de las renovables no debería ser tal. El cambio de paradigma en España y Europa ha de permitir a Aragón viajar hacia la autosuficiencia energética e impulsar proyectos industriales de calado en zonas que exigen recibir un importante impulso. En realidad, energía y turismo deberían ser importantes aliados. Sin embargo, viajar por la geografía aragonesa da idea de cómo algunos parques eólicos y solares se han instalado en zonas especialmente sensibles. El problema es que esto puede ser solo el comienzo, puesto que Aragón ya produce más de 7.000 megawatios de energía eólica y fotovoltaica pero podría alcanzar los 30.000 megawatios. ¿Cómo revertirá en el territorio la riqueza que muchas empresas captan en él?

Aragón ya produce más de 7.000 megawatios de energía eólica y fotovoltaica pero podría alcanzar los 30.000 megawatios. ¿Cómo revertirá en el territorio la riqueza que muchas empresas captan en él?

Aragón está obligada a velar por la sostenibilidad. La comunidad ha exhibido sus atractivos esta semana en la Feria Internacional de Turismo (Fitur), un certamen que hoy cierra sus puertas. Un reciente informe elaborado por Booking, a través de encuestas a 30.000 viajeros, señala que el 70% de los potenciales turistas expresan su predilección por realizar viajes a destinos más sostenibles. Todo un reclamo que convendría aprovechar tras la pandemia para superar las buenas cifras que ya tiene Aragón dentro de un sector en plena ebullición. Su peso en la economía –más de 8.000 empresas y alrededor del 9% del PIB regional -- y sus expectativas de crecimiento obligan a mimar esta fuente de riqueza, ya que este año se superarán los 3,5 millones de visitantes y los ocho millones de pernoctaciones. 

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La DGA ha puesto el foco en la atracción de turistas nacionales pero también internacionales, pero lo verdaderamente relevante no es el volumen de turistas sino qué tipo de turistas quiere atraer Aragón, cuánto gastarán y conocer qué quieren visitar. En esta ecuación, el turismo de nieve emerge como la gran apuesta del Ejecutivo autonómico para los próximos años. Más de 50 millones en inversiones procedentes de los fondos europeos muestran esa prioridad, a pesar de los riesgos que entraña desde el punto de vista medioambiental (hay controversia sobre el impacto en la Canal Roya), meteorológico (escasez de nieve) y de su estacionalidad, que hace que esta actividad solo se pueda desarrollar durante cinco meses al año. Para evitar poner todos los huevos en la misma cesta, convendría diversificar las inversiones a lo largo y ancho del territorio, algo que permitiría equilibrar el desarrollo. Esta misma semana el clúster del Turismo daba un toque de atención sobre este particular en las páginas de este diario. 

Aragón afronta, en definitiva, un momento crucial para definir hacia dónde se dirige y qué camino quiere seguir. Cometer errores hoy, se pagará muy caro mañana.