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Juan Bolea

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Juan Bolea

Una Borbón ‘rebelde’

Uno de los lugares más fascinantes en los que he tenido el privilegio de hablar en público es el Casino Gaditano, en la céntrica plaza de San Antonio de Cádiz.

Se trata de un palacio de principios del XIX que perteneció a la familia Istúriz. Lugar de reunión de los liberales, pasaría en 1844 a convertirse en el Casino Gaditano. El arquitecto Juan de la Vega le aplicó una reforma con aroma isabelino por fuera y neomudéjar por dentro. En 1862, la reina Isabel II se hospedaría en sus fastuosas habitaciones, organizándose en el patio un baile en su honor.

Invitado por la Tertulia Fernando Delgado Lallemand e inspirado por el prodigioso marco del edificio del Casino, hablé a los asistentes, entre otras muchas cosas, acerca de la nieta de Isabel II, Carlota de Borbón. Uno de esos personajes olvidados de la historia de la España, con mucho interés, luz propia y demasiadas sombras, además de una relevante referencia histórica y documental en mi nueva novela, La baraja de plata.

A la luz de la actual lucha por la igualdad entre géneros, Carlota de Borbón pudo ser, en cierta medida y con bastantes matices, una pionera de dicha lucha.

Primogénita de Carlos IV y de María Luisa de Parma, Carlota habría sido reina de España de no estar vigente entonces la ley sálica. El trono iba a recaer en su hermano, el futuro Fernando VII. Para «colocar» a Carlota se le acordó un matrimonio político y dinástico con el príncipe Juan de Braganza, futuro rey Juan VI de Portugal.

En 1808, Carlota se hallaba instalada con Juan en la corte lisboeta cuando Napoleón invadió la península con el propósito de invadir y conquistar Portugal, aliado de Inglaterra. Los príncipes portugueses huyeron a su colonia de Brasil, poniéndose a salvo en Río de Janeiro. Desde allí, Carlota vería cómo los territorios españoles del Río de la Plata se levantaban contra el virrey de Carlos IV, reclamando su independencia. Asombrosamente, sin encomendarse a Dios, a su marido ni a su padre, en lugar de defender los intereses de España y de su corona borbónica, Carlota se ofreció a los rebeldes argentinos y montevideanos como «reina constitucional». Sabedora de que jamás reinaría en España, y de que en Portugal solo lo haría en calidad de consorte, intentó ganar un reino propio que unir a su nombre y a su idea de la monarquía. No lo conseguiría, pero en su intentó dejó constancia de su personalidad y «rebeldía». Una mujer de armas tomar, adelantada a su tiempo.

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